Taras mentales e inanición

El Día”, el periódico de circulación gratuita del Grupo de Comunicaciones Corripio, nos hizo chocar con la realidad. En su renovada versión, este diario nos hizo ver en la semana anterior que el 75% de las familias gastan sus ingresos en comida. Pero cuanto es peor, en otra de sus ediciones ese diario nos recuerda que la situación económica ha reducido la calidad de la ingesta regular. El dramático cuadro de los vecinos isleños, por tanto, tal vez nos hace olvidar esta otra pesarosa vivencia isleña.

Hace tiempo sostengo que la clase media no es tal. Hace tiempo, hemos escrito, que nos volvimos clase quinta. Si bien para muchos los ingresos de renta fija, como los sueldos, mantienen niveles nominales de mucho tiempo, en realidad se gana menos. Al ir adelante conforme la mejor consigna de la época, perdimos calidad de vida. Es que ciertamente vamos adelante, pero sin ver que el camino está cuajado de obstáculos y hace rato se volvió intrincado laberinto.

Sabemos que en Haití han muerto infantes por el hambre que se padece en esa parte de la isla. Este diario resaltaba en opinión editorial sabatina que tal vez no solamente mueren niños, sino adultos también. Pero animado de los contrasentidos de los tiempos se recordaba que ello ocurre en fechas en las que estamos preocupados por vencer “la brecha digital”. Y en la ignorancia de la realidad que nos circunda por el afán de resolver esa dichosa brecha, radica el quid de la pérdida de calidad de la vida.

Peor que las muertes es la tara mental a la que el hambre condena a los que, en razón de la condición genética, sobreviven a la inanición. Se crían, y se desenvuelven entre nosotros, que los contemplamos moverse con la agilidad y las oportunidades que Dios nos ofrece. Mas perdemos de vista que quienes de este modo crecen lo hacen con limitaciones mentales que afectan el desempeño educativo en todos los niveles. Y por increíble que parezca, llegan, finalmente, a ostentar títulos universitarios. Porque la sociedad democrática no le niega esta oportunidad a nadie.

El gran problema lo heredan ellos mismos más tarde. Y los patronos. Ellos, pues sienten la carga del desempeño laboral. De quienes dependen, pues reciben el fruto del esfuerzo de esas personas con tardanza, y, en ocasiones, con evidentes limitaciones de su calidad.

Respecto de Haití este diario ha recordado que la Organización de las Naciones Unidas mantiene una fuerza de paz que se preocupó más por las tareas políticas que por estos lloros humanos. Respecto de nosotros, el Gobierno Dominicano debía preguntarse qué es más importante, si la brecha digital o la brecha del hambre.