¡Tarde señor Presidente! Somos pueblo

Las lágrimas corrían por mi rostro mañanero. Eran lágrimas de agradecimiento a Dios por una vida plena reflejada en un nuevo amanecer, de un lado; por el otro, era la impotencia a la burla que ofendía mi entendimiento ante el teatro buslesco de la tardía reacción desesperada de nuestro Presidente ordenando a sus funcionarios (imagino que con titubeante firmeza) el fortalecimiento de los “controles” a la transparencia en sus respectivas dependencias.
La desesperación puede manifestarse de múltiples maneras: en nuestro interior, su grito ensordecedor dispara el gatillo de la enfermedad; en nuestro interior a su vez, la expresión facial denota, sea mediante rictus inocultables el sigilo de la mentira, sea los tics nerviosos visibles e irrefrenables. Los externos, que no los internos, se evidenciaban en la persona del Presidente.
El país se encuentra hoy en una encrucijada muy difícil de resolver, lo que queda demostrado en este dime y diretes entablado entre población y autoridades. Autoridades carcomidas por las ínfulas de un poder terrenal pasajero que se tambalea peligrosamente sobre el precipicio de su final. No obstante, sabiéndose protegidos por un escudo blindado tras de la ausencia total de instituciones hábilmente secuestrados por el partido gobernante, como también confiados en la desaparición de las tiranías dictatoriales del siglo pasado, apoyadas por la conveniencia del Imperio del norte. Empero y muy a pesar de todos esos escollos, los políticos dominicanos (excepciones hay) pretenden continuar con sus mentiras inexcusables hasta tanto los Estados Unidos o Brasil no terminen sus indagaciones y desentierren los actos delincuenciales de todos los actores de esta Tragedia Universal, pero sobre todo, la Dominicana que da largas a ponerle su propio final.
Sin embargo, que los proteja Dios, si es que en Él aún creen, ante esas fuerzas poblacionales bestiales, enardecidas y capacitadas para enfrentarse a cualquier combate de Ideales Patrios en peligro, con la confiada seguridad de vencer.
¡Que no se subestime el razonamiento de las clases pensantes dominicanas!!