Temor empresarial
y Estado benefactor

La historia del desarrollo y progreso del empresariado dominicano ha estado arropado de peculiar comportamiento de un Estado benefactor que inició su desarrollo allá por 1930 con la instauración de la dictadura de Trujillo.

Lo anterior es así ya que el dictador inició un proceso de acaparamiento para apoderarse de los recursos del país, primero de una manera tímida y luego aceleradamente cuando para la década del 1950 había adquirido casi todos los ingenios azucareros de norteamericanos; anteriormente había establecido sus monopolios con el cemento, aceite de maní, pintura, sal, astilleros, línea aérea, seguros y hasta el calzado.

Después de la caída de la dictadura, el empresariado que surgió se vio favorecido a partir de 1966 por un complaciente trato que le brindó el doctor Joaquín Balaguer, que mediante diversos incentivos, los estimuló a instalar las empresas de reemplazo de importaciones. Mediante la ley 299, fomentó un empresariado que, 40 años más tarde, todavía es quejoso, temeroso e inseguro cuando se afectan sus intereses, amenazando cuando el Estado con acciones fiscales severas, los obliga a ser transparentes y no evadir los impuestos.

De ahí que la reacción en días pasados de un sector empresarial, alegando que no se sentían las medidas que el Banco Central había dispuesto para estimular las inversiones no habían surtido los efectos deseados, fue muy iracunda que obligó a respuestas contundentes y hasta los afuerearon a reuniones palaciegas con otros empresarios muy selectos, sin la cúpula del CONEP.

Entonces, lo que aspiraba el CONEP era similar a lo otorgado al sector de la construcción para incentivar las viviendas económicas con la eliminación del ITBIS y del pago del impuesto sobre la renta. Para los empresarios quejosos, la competitividad es no tener que pagar nada, que le presten con bajos intereses y quizás algún subsidio para producir a bajos costos.

Por eso el país se está quedando rezagado en el Acuerdo de Libre Comercio DR-CAFTA sin poder competir con los países centroamericanos, que ya invaden las góndolas de los supermercados con sus productos hasta más baratos que sus similares criollos. Mientras, la producción local en estos tiempos de crisis está estancada, ya que el empresariado se queda con sus protestas y teorizando acerca de su mala suerte, ya que la voracidad fiscal y los controles impuestos les impiden a muchos de ellos evadir como antes y hasta les baja el nivel de vida que hasta en sus villas en los resorts más cotizados locales y del exterior sufren para poder cubrir sus costos.

Naturalmente, hay un sector empresarial local que es un ejemplo de trabajo con productos de calidad, que al menos permite sacar la cara a la hora que se habla de exportaciones por la aceptación de los mismos. De todas maneras el ron, la cerveza, el acero de construcción, el cemento, numerosos artículos del agro como el café, tienen ya sus mercados asegurados en el exterior, lo cual nos dice que hay un sector procurando solo prebendas oficiales sin traspasarlas a la población consumidora, se va quedando aislado con productos extranjeros más baratos y entonces reclaman incentivos y exenciones para evitar su final como empresarios privilegiados.