Tener la voluntad

Estamos prisioneros,
Compañero
Yo de estos torpes barrotes
Tú del miedo.

Los versos son de una canción de “Los Guaraguaos”  un grupo venezolano de la nueva trova, de la canción de protesta, de la segunda mitad del siglo pasado. Ese tipo de canción languidece debido al caramelo mediático que nos enseña cómo se debe vivir, pero no nos dejan llegar a ese mundo.

Fronteras, desafíos, malquerencias, discriminación, abusos, legislaciones inhumanas y muros, como el de Berlín, pero el de México-Estados Unidos es para preservar la democracia. ¡Caramba! qué cosa!

Y nuestros compositores se dedican a la dulce y almibarada música que se impone al ritmo de tres golpes que acompañan, como para marcar el compás, cualquier tipo de aire caribeño.

La canción de hoy, es fruto de la visión de hoy, del quehacer cotidiano, de la inspiración que surge tras las turgencias de una criolla bien dotada, cuyo pelo al viento es una invitación al piropo que atraiga la atención de la hembra.

Así es la canción de hoy, se escribe para dulcificar las amarguras diarias, para ocultar las adversidades colectivas.

La melodía de hoy se escribe, como siempre, para llorar lágrimas musicales que acompañen versos de amor y de desaliento, de desamor y desesperanza, de sonrisas y sueños de que en un futuro cercano…

Mientras la música camina por un sendero de olvido y desentendimiento que aparta los problemas reales, continúa la lucha entre el hombre y la mujer, entre las lágrimas y las sonrisas.

Ahora lo que se impone es actuar contra las dificultades, trabajar para mejorar la terrible condición de vida que no se ve, en las telenoverlas llenas de falsedades e hipocresías  que se practican en la cotidianidad.

Eso que ocurre con la música y la artesanía verbal y visual contenida en las telenoverlas, repito, es parte de una realidad de la cual nos defendemos como podemos, pero que no debemos permitir que se imponga y normen nuestras vidas. Los problemas, una vez detectados, sólo dejan a la sociedad un camino: resolverlos.

Dicen que el avestruz esconde la cabeza cuando siente el peligro. Nosotros no debemos imitar al avestruz. Esa es una decisión que tiene que tomar la sociedad.

Se habla de una República Dominicana inviable como nación y no es cierto.

Los pesimistas y el pesimismo no deben tener cabida en nuestro quehacer diario, el trabajo y la esperanza sí.

Ante la delincuencia que nos acorrala no debemos apresarnos entre rejas, tenemos que hacer lo que dice el Presidente Hipólito Mejía, actuar unidos porque unidos somos fuertes, porque unidos somos poderosos y actuar, sin que nos tiemble el pulso.