Termómetro

La magnitud de la crisis económica que afecta al país, si bien hay que cuantificarla en base a sus montos, lo que la misma representa en términos numéricos, hay que considerarla, fundamentalmente, por sus efectos en las distintas capas de la sociedad.

Para la clase pudiente o alta, la crisis supone un descenso en la disponibilidad de recursos, traducida en cambios y restricciones en hábitos de consumo, pero generalmente sin perjuicio notable para las condiciones de subsistencia.

Para la clase desposeída o pobre, la misma crisis supone un empeoramiento de las condiciones de subsistencia, profundización de la pobreza y aún menos posibilidad de acceso a bienes y servicios vitales. Cuanto más bajo en la línea de pobreza está un segmento social, peor es el efecto de la crisis sobre sus posibilidades de vida.

Por eso, cuando se afirma que lo peor de la crisis del país ha pasado y se habla con euforia de las bonanzas por venir, hay que tomar muy en cuenta que los efectos de la crisis aún se están sintiendo en una buena parte de la sociedad dominicana.

[b]II[/b]

La noticia principal de nuestra edición de ayer destaca uno de los efectos sociales de la crisis. La falta de dinero para costear pasajes, pago de servicios médicos y adquisición de medicamentos ha hecho disminuir la afluencia de pacientes a los hospitales públicos. Tan solo las consultas, que constituyen el servicio médico más común, han disminuido un 30% en estos centros asistenciales, que debido a sus bajos costos son los más frecuentados por la gente de las diferentes capas de la línea de pobreza. En otras palabras, debido a la crisis económica muchos dominicanos han dejado de tener acceso, por medios propios, a la única alternativa de salud que tenían.

No descartemos que, por las mismas causas, una buena parte de los que han dejado de tener acceso a los servicios médicos del Estado, estén recurriendo ahora a curanderos y brujos, o a la automedicación naturista con todos sus riesgos.

Esto supone que ha habido, también, un empeoramiento de las ya malas condiciones de alimentación e higiene, lo que les hace más vulnerables a las enfermedades. Para esa gente, sin duda , lo peor de la crisis no ha pasado.

[b]El derecho ajeno[/b]

El Parque Mirador del Sur está siendo utilizado por jóvenes deportistas, organizados en escuelas, para hacer prácticas regulares en los espacios abiertos que ofrece esa área que administra el Ayuntamiento del Distrito Nacional. Vistas las cosas así es una excelente forma de utilizar un especio urbano dedicado al esparcimiento. El deporte es, sin dudas, un esparcimiento sano, sobre todo para los jóvenes que en estos tiempos tienen tantas malsanas inducciones.

Sin embargo, lo que preocupa a quienes utilizan el Parque para caminatas y otros modos de diversión, es la forma sistemática en que esa área pública es utilizada por los deportistas durante todos los días de la semana en horarios rigurosos, durante los cuales excluyen a cualquier otro ciudadano del derecho a usar esas áreas. Además, algunos de los que caminan con frecuencia por allí, temen ser golpeados por las pelotas de los beisbolistas y futbolistas que usan el área, no como diversión, sino con las reglas de profesionales: “¡Con duro!”

Es interesante que este Parque Mirador del Sur se mantenga en buen uso por la ciudadanía. Es importante que se comprenda su importancia, pero siempre tomando el cuenta el derecho de los demás a disfrutar de esas áreas públicas.

El disfrute de las áreas públicas es un derecho de todos.