Tesis sobre Abril de 1965

DIÓMEDES MERCEDES
Mirando retrospectivamente en su conjunto y contexto el fenómeno de la guerra revolucionaria de abril del 1965, digo que, más que la lucha por la reposición del gobierno democrático del Profesor Juan Bosch y de la Constitución que en su gobierno se dio el país, lo que ocurrió en aquella fecha fue la sinergia que a partir del levantamiento militar condujo a la lucha general de nuestra nación para institucionalizar su identidad, por vía de la reafirmación de su soberanía, autodeterminación e independencia; mediatizadas por un largo período de intervenciones foráneas, tiranías, absolutismo, atrasos económicos, golpes militares, exclusiones discriminatorias y corrupción.

Abril relampageantemente victorioso ante las fuerzas conservadoras y golpistas criollas fue sin embargo ahogado por el poder norteamericano, que mantiene oprimido al país desde la ocupación militar del dia 28 de aquel mes, al desembarcar la 82 división aereotransportada, con la que frustró nuestros derechos con el fuego de su violencia armada y otras ingenierías de dominación; continuadas por su injerencia en todo cuanto se haga en el país, practicadas por vía de sus “asesores”, de gobiernos títeres y por el espionaje, la represión, la coerción cultural, política, económica y diplomática con las que en los últimos 40 años ha venido borrando nuestra memoria histórica y nuestra identidad, asimilándose y transculturizando a parte importante de nuestra población, crecida en este período sin compromiso patrio y la que fundamentalmente emigra tras el mito del “sueño americano”, escapándose de la desesperanza, la frustración o la falta de oportunidades para su crecimiento humano en la patria abandonada.

En el mes de abril de cada año resuena cada vez más fuerte el eco de aquel otro de 1965, porque el primero cada día crece como un referente, ante el continuo tutelaje de los Estados Unidos, y el despojo de nuestros activos patrimoniales, de nuestros derechos innegociables que los gobiernos les entregan sin condiciones, socavando nuestra cohesión y nuestra supervivencia.

La tarea inconclusa del 1965 nos reta imperativamente hoy, cuando las políticas neoliberales destruyen las bases de nuestra soberanía alimentaria, incrementan nuestra dependencia y el subdesarrollo, liquidando a los sectores productores, privatizando las propiedades y los servicios públicos, pauperizando a la clase media y llevando al pueblo dominicano a la pobreza extrema y a la delincuencia, por falta de solidaridad social, bajo gobiernos cínicos y corruptos, que además son agentes de la mala transculturización que nos aliena en una sociedad de consumo sin producción ni trabajo.

Los ciudadanos nacionales, mirándonos de igual a igual, los civiles y los militares, luchando contra el subdesarrollo hemos de encontrar la mejor vía para volver a restaurar la república y establecer un Estado solidario, progresista, democrático participativo, modernizante y de justicia; bajo “un estandarte bajo del cual todas las personas honradas, dignas y honestas nos podamos guarecer” (G. Washington), marchando al frente, para sacar al país de la mayor enajenación de su historia, de su decadencia, desmoralización y corrupción general e incertidumbre actual.

A pesar del tiempo y del dominio conservador entreguista continuado, Abril hierve en el cerebro y en la sangre de la comunidad dominicana aquí y en el exterior, porque sin su jornada fueramos una nación muerta y una colonia de consumidores sobre un territorio sin ética, con piratas al mando de nuestra explotación humana y territorial.

¡Jóvenes, mujeres y hombres adultos, militares, sectores productivos nacionales, sociedad urbana y rural, maestros, artistas, periodistas e intelectuales, obreros: ponderemos las condiciones en las que por la ley de la gravitación y por una relación de causa y efecto se destruye y perdemos la nación! Ponderemos la realidad misma que todos experimentamos en nuestra nación, gobernada por el excedente del capital financiero internacional, el que con pago de peajes, con la corrupción dominante y con los políticos que, como clones, reproduce el modelo actual, los que nos llevan a la ruina; y en consecuencia y en respuesta a todo esto, al menos, unifiquémonos espiritualmente en la fe y en la conciencia patriótica, con la mínima acción personal construyamos la oposición a este modelo que nos despoja y pone a todo el pueblo a pagar tributos con impuestos que van a parar a los abonos a los préstamos malversados y al pago de las estafas públicas y bancarias que nos obligan a más trabajo y menor bienestar despojándonos de la identidad, de los otros atributos y derechos de los que se nos ha impedido investirnos desde el 28 de abril del 1965 hasta esta hora.

Si Abril fue una revolución aunque no retuvieramos el poder es porque sirvió de cartasis para cambiar los paradigmas de un pueblo pacífico que se rebeló contra los abusos acumulados del poder y que decidió construir su identidad como escudo y seguridad de cada nacional en su proyecto social y particular de crecimiento humano dentro de nuestro territorio. Lo que aún pervive.