Testamento del demonio (1)

FEDERICO

Los intelectuales no siempre mantienen estables sus emociones. Tampoco es frecuente que disfruten de “estabilidad micro-económica”. Por lo regular son sujetos que se entregan a especulaciones desaforadas. Las especulaciones, como indican las propias palabras, son “espejaciones” de la realidad, movimientos de espejos que reflejan objetos “por efecto de la luz”. Algunos viven en mundos engañosos hechos de sueños o ilusiones ópticas. Uno de estos especulativos intelectuales difundió, a través de un correo electrónico: “El diablo ha hecho testamento ante notario público; no puede aguantar más la responsabilidad de producir el mal”.

Al saber esta noticia me apresuré a preguntar ¿de dónde sale algo tan insólito, estrafalario, sin pies, sin cabeza? Entonces recibí las explicaciones que transcribo. Todos hemos oído la expresión “más sabe el diablo por viejo que por diablo”; también se dice que “el diablo no descansa”. Con estas frases se quiere indicar, primero: que la experiencia del anciano decanta una sabiduría que no puede extraerse de la pura inteligencia; segundo, que la maldad no duerme; siempre acecha para inundar las almas de los hombres. De ambas cosas se deduce que el diablo ha envejecido; y que su falta de reposo le ha estragado.
Es razonable que alguien con la edad y el cansancio del demonio, decida retirarse y delegar en otros la responsabilidad del trabajo. Parece que la diabla instigaba desde hace tiempo para que su esposo redactara el testamento. Didesa, le decía, debes abandonar el primer plano. (Didesa es el apodo cariñoso que usa la diabla con su marido, compuesto por las primeras sílabas de diablo, demonio, satán). El caso es que el demonio, finalmente, llamó a su asesor publicitario y a un abogado. Hay que hacer cambios, dijo el publicista; ya no podemos seguir con un logotipo a base de llamas, cuernos y tridentes. Eso está mandado a guardar.
El diablo, con el rabo metido entre las piernas, escuchaba atentamente al publicista infernal. –El mundo ha cambiado; no conviene el olor a azufre en esta época de globalización económica. Necesitamos vías más persuasivas para atraer hacia el mal. Ahora todo ha de ser “friendly”. La droga es amable, la TV entretenimiento, la delincuencia, un espectáculo. La maldad exige continuas transformaciones tecnológicas. (2011).