Thanksgiving: ¿Gracias…a quién?

Rafael Acevedo

Muchas personas no saben expresar sus sentimientos de gratitud. Peor es el caso de los que no saben cuándo ni a quién agradecer. Respecto al hecho de estar vivo y disfrutar la belleza de la naturaleza, hay gentes que siendo “cultas” y “refinadas” prefieren darle gracias a la Madre Tierra (…que estás en el suelo…); a Pacha mama, a Gea, deidades Incas y de la antigüedad griega. Otros prefieren darle gracias a “la Vida”… que les ha dado tanto”. Siendo aquí el problema de no poderse entender cómo es que “la vida” recibe esos reconocimientos, en qué lugar, trono o altar. O, si en el fondo, cada cual se está dando las gracias a sí mismo, o más probablemente, a nadie. Una fórmula posmoderna de no agradecer, en absoluto. Ni siquiera a Santa Claus, que le quitó el mercado a los Reyes Magos, y cuyo único mensaje a los niños es: “Joh, Joh, joh.”
Por otra parte, agradecer a Dios tiene condiciones (…y recompensas). Ser “agradecido de la vida” parece ser una evasión racionalista, que esquiva dar las gracias a Dios, y, desde luego, no sujetarse a sus planes y designios; una manera, como quien dice, de sacarlo del mapa de sus vidas; y de negar que, a pesar de muchos no reconocérselo, sigue siendo la base de nuestra vida, cultura y sociedad.
Tampoco es extraño que en el país estemos adoptando la tradición de protestantes ingleses y norteamericanos, de dar gracias por las cosechas y bendiciones del año. Imitamos la versión “moderna” de dicha fiesta, (una transculturización mimética clasista), según la cual, no se da gracias a Dios ni a nadie.
Indudablemente, aparte del caché que tendría imitar la costumbre “exótica” de comer pavo horneado con jalea y batata, siempre es bueno reunir la familia en una buena fiesta, sea esta laica, atea o sincrética, aunque injustamente nadie mencione al Creador, ni recuerde sus consejos acerca de moral y buenas costumbres.
Thanksgiving es neutral. ¡Qué maravilla! Todos pueden estar juntos a la mesa como hermanos, aunque a diferencia de los cuáqueros, quienes establecieron esta tradición, pocos probablemente se sentirán comprometidos a dar gracias al Señor.
En general, sacar a Dios de las fiestas de fin de año se ha estado convirtiendo en una costumbre, una idea práctica y mercadológicamente rentable. Primero se ha ido olvidando que Navidad es una forma abreviada de significar: “natividad de Jesucristo”. Los saludos ahora no son navideños, sino “de la estación”, época, u ocasión, o de final y principio de año.
En todo caso, eso va con el falso espíritu de la navidad que se diluye en el espíritu de los tiempos, de los negocios y las vacaciones de gentes que nunca procuró a Dios; o que jamás supo quien es “el crucificado”, como despectivamente le llaman religiosos de otra creencia.
Como quiera, agradezca usted que le envíen postales navideñas cuyo mensaje sea: “Season’s Greetings”; que no quiere decir que usted o alguien es cretino; sino que quien la envía tiene buena voluntad para usted y su familia.