THE NEW YORK TIMES
Alemania devuelve refugiados gitanos a Kosovo

POR NICHOLAS WOOD
PRISTINA, Kosovo.-
El 19 de mayo, alrededor de 60 pasajeros, acompañados por guardias de seguridad, aterrizaron en el Aeropuerto Slatina, cerca de esta ciudad. El vuelo fue el primero de una serie organizada por el gobierno alemán para deportar a aproximadamente 50,000 refugiados — en su mayoría Roma, o gitanos — de vuelta a Kosovo, tras un periodo de asilo en Alemania, en algunos casos de 10 años o más.

       Alemania recibió a oleadas de refugiados cuando Kosovo, la provincia sureña de Serbia poblada predominantemente por albaneses, ardía en tensiones étnicas que estallaron finalmente en una guerra, en 1999.

       Grupos defensores de los derechos afirman que las deportaciones reflejan profundos prejuicios en el sistema de inmigración alemán, un trato que califican de insensible a la luz del gran número de Roma muertos durante la época nazi.

       Los grupos y algunos críticos en las Naciones Unidas aseguran asimismo que los Roma son enviados de vuelta a una situación peligrosa, ya que son una pequeña minoría en Kosovo, que ha sido atacada en numerosas ocasiones por miembros de la mayoría albanesa. En muchos casos, sus casas fueron ocupadas o destruidas y tienen pocas esperanzas de encontrar trabajo.

       La ONU, que administra la provincia, alienta a las minorías a regresar voluntariamente y solicita 10 millones de dólares a las naciones donadoras para la reconstrucción de un área para los Roma. Alemania y las Naciones Unidas parecen ansiosas por demostrar que la vide vuelve a la normalidad en Kosovo.

       Sin embargo, la ONU afirma que es incapaz de proveer ayuda a las familias que son devueltas en forma obligatoria, y que tendrán que valerse por sí mismas o depender de las autoridades locales, dominadas por albaneses, para sostenerse.

       Gisela Kallenbach, ex administradora regional de las Naciones Unidas en Kosovo, criticó a la organización por no proporcionar apoyo a los deportados. “No pueden ser abandonados”, subrayó. “La ONU debe asumir la responsabilidad y permitir que las personas comiencen de nuevo sus vidas”.

       En Alemania, los Roma rara vez reciben la residencia permanente, y grupos de derechos afirman que las autoridades alemanas no suelen permitirles obtener documentos para trabajar, por lo que dependen de la asistencia social, algo que, según las autoridades, cuesta más de 600 dólares mensuales por persona.

       Las agrupaciones de derechos alegan que tal trato contrasta con el que reciben otros refugiados de Kosovo en Alemania. “Realmente no quieren a los gitanos en Alemania”, afirmó Claude Cahn, director del Centro Europeo para los Derechos de los Roma, en Budapest, Hungría, que recibe financiamiento occidental.

       En los pasados cinco años, los albaneses étnicos y otros refugiados provenientes de Kosovo obtuvieron documentos para trabajar en Alemania, y muchos de quienes decidieron regresar a casa pudieron regresar a sus casas y comunidades.

       En general, Alemania desea deportar a aproximadamente 51,500 refugiados a Kosovo, de los cuales 34,500 son Roma.

       Las Naciones Unidas aceptaron permitir que Alemania enviara a de vuelta a 10,500 gitanos que hablan albanés, y asegura que vigilará su seguridad. Aceptó estudiar el regreso del mayor grupo de gitanos que hablan serbio, que asciende a 24,000.

       “Existe una fuerte presión por parte de los gobiernos anfitriones”, señaló Karsten Luethke, director de la división de repatriación de la ONU. “Afirman que cinco o seis años después del conflicto aún no son capaces de enviar a alguien a casa. No están satisfechos”.

       No obstante, muchos de los Roma refugiados perdieron en gran medida sus nexos con Kosovo. Afrim Aliji, de 25 años, se ha adaptado cómodamente a Alemania. Vive en Heidelberg y habla alemán con un ligero acento. Recuerda confusamente su tierra natal: recuerdos de burlas en la escuela, de un hogar familiar que tal vez ya no exista.

       El y su familia huyeron a Suecia, y posteriormente a Alemania, pero ahora la amenaza de ser deportado pende sobre él.

       “No estoy seguro de que un alemán me llamó gitano alguna vez”, dijo Aliji. “No he olvidado que soy Roma, pero me he adaptado a la vida alemana”.

       Su esposa, Suada, quien llegó a Alemania a una edad mucho menor, ya no habla albanés. Para su hijo de 14 años, Kosovo es una tierra desconocida.

       Estos asuntos familiares no tienen importancia para los ministerios del interior regionales de Alemania. “Sería una política irracional permitir que una familia de 10, 12 ó 15 personas permanezca en Alemania sólo porque uno de sus hijos nació o asiste a la escuela aquí”, aseveró Michael Ziegler, portavoz del Ministerio del Interior bávaro.

       Las posibilidades de que Aliji permanezca en Alemania dependen en gran medida de su capacidad de encontrar empleo. Pero sus documentos de identidad le prohiben trabajar, a menos que sus patrones puedan probar que un alemán no puede ocupar el cargo.

       Los gitanos en Kosovo viven en comunidades establecidas a lo largo de muchas generaciones, pero permanecen marginados. Aquellos que regresan tienen dificultades para encontrar casa y trabajo, y muchos viven en campamentos en condiciones poco higiénicas desde el fin de la guerra. Algunos pueden ser avistados en la capital provincial buscando en los botes de basura desechos que puedan reciclar, o limpiando parabrisas cuando el semáforo se pone en rojo.

       Aunque han pasado casi seis años desde el fin de la guerra, los gitanos y otras minorías étnicas enfrentan aún una volátil existencia aquí. Muchos sonno pueden viajar libremente por la provincia, y corren el riesgo de ser intimidados o agredidos por los albaneses. Las esperanzas de que las relaciones entre los grupos étnicos hayan mejorado aquí fueron aplastadas violentamente en marzo del año pasado, cuando miles de albaneses se amotinaron en Kosovo.

       Las comunidades serbia y gitana fueron los blancos durante tres días de ataques, con saldo de 19 muertos y más de 4,000 personas expulsadas de sus hogares.

       Kallenbach, la ex administradora de la ONU y miembro del Parlamento Europeo, criticó el momento de las deportaciones.

       Pronosticó que las tensiones aumentarán en tanto serbios y albaneses debaten si Kosovo debe seguir siendo una provincia de Serbia o perseguir algún tipo de independencia. Afirmó que hubiera sido preferible “si esperaran al menos hasta que la cuestión de la futura situación de Kosovo se aclarara”.