THE NEW YORK TIMES
El historial de Joseph Ratzinger

POR ALESSANDRA STANLEY
NUEVA YORK.-
El Papa Benedicto XVI asume el trono de San Pedro con un historial notablemente largo y revelador. El tema consistente en los más de 100 casos que juzgó como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue su firme y dominante defensa del absolutismo contra el relativismo en asuntos doctrinales, de todo tipo.

Extinguió la teología de la liberación teñida de marxismo en Latinoamérica y reprobó al reverendo Charles E. Curran y otros teólogos universitarios que intentaron relajar las reglas de la Iglesia sobre la anticoncepción y la homosexualidad.

El ex Cardenal Joseph Ratzinger también controló a los disidentes religiosos en la derecha, más notablemente al arzobispo Marcel Lefebvre, quien rechazaba incluso las reformas más básicas del Concilio Vaticano II.

Y discutiblemente debía haber sido un poco más duro con Emmanuel Milingo, un arzobispo de Zambia que se casó con una acupunturista coreana en una ceremonia grupal presidida por el reverendo Sun Myung Moon, el excéntrico líder de la Iglesia de la Unificación. (Milingo renunció a su esposa y a la Iglesia de la Unificación después de una visita a Juan Pablo II y fue bienvenido de vuelta en el redil.)

El Papa Benedicto pasó un cuarto de siglo combatiendo lo que llama la “dictadura del relativismo”, y erradicando los desafíos a la doctrina católica estricta. Fue su adiestramiento como teólogo, fue su trabajo cotidiano en la curia romana, pero también reflejó su sensibilidad como católico alemán.

El y Juan Pablo II no tenían disputas sobre asuntos doctrinales, pero provenían de mundos diferentes y esas distinciones fueron más claras al final del pontificado de Juan Pablo II. Probablemente serán igual de visibles al inicio del papado de Benedicto XVI.

Juan Pablo II nació en una Polonia que era casi 100 por ciento católica; cuando se convirtió en obispo, la principal amenaza para su fe era el comunismo. El nuevo papa nació en un enclave católico conservador en un país con profundas raíces protestantes. Llegó a la mayoría de edad en la Alemania nazi, pero para cuando se convirtió en obispo, su preocupación era la laicización de Europa en general, y particularmente en Alemania, semillero de la disensión católica.

Después de que colapsó el comunismo, el papa eslavo se concentró en poner fin a la disputa milenaria con la Iglesia Ortodoxa Oriental, en ocasiones promoviendo la inclinación ecuménica del Vaticano en un esfuerzo por reblandecer a los patriarcas eurorientales. Tuvo algunos éxitos notables, incluido un servicio conjunto con el patriarca Teoctist de Rumania en 1999, pero nunca realizó su sueño de visitar Moscú. Ratzinger nunca mostró el mismo grado de interés en reconciliar al Este y el Oeste en lo que Juan Pablo II adoraba describir como los “dos pulmones del cristianismo”. Primordialmente estaba ocupado eliminando los vestigios del pluralismo religioso, más destacadamente en 2000, cuando publicó “Dominus Iesus” (“El Señor Jesús”), que condenaba las “teorías relativistas” del pluralismo religioso y describía a otras creencias como “gravemente deficientes”.

El documento estaba dirigido principalmente a controlar a teólogos católicos desviados como el reverendo Jacques Dupuis, un teólogo belga que después de dar instrucción en India argumentó que otras religiones también podían conducir a la salvación, pero terminó ofendiendo a líderes religiosos de casi todas las creencias. Los líderes religiosos judíos en Roma boicotearon varias reuniones interreligiosas en protesta. Incluso algunos cardenales cuestionaron públicamente su tono y la oportunidad de su publicación.

Y sin embargo una de las decisiones menos conocidas de Ratzinger fue una declaración conjunta en 1998 del Vaticano y la Federación Mundial Luterana que afirmaba que las dos Iglesias habían encontrado terreno común sobre el tema de la “justificación”, los medios por los cuales un ser humano se hace digno de salvación; esa disputa impulsó a Martín Lutero en la Reforma Protestante hace casi 500 años.

En ese entonces, muchos de los críticos de Ratzinger sospecharon que él sabotearía la declaración. En vez de ello, el cardenal, antiguo admirador de Lutero, fue instrumental en rescatar un acuerdo cuando estaba al borde del colapso, según John L. Allen Jr., periodista de The National Catholic Report que escribió una biografía de Ratzinger en 2001. La firma tuvo lugar el 31 de octubre de 1999, el aniversario del día en que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo en Wittenberg.

Como era su costumbre, el futuro Papa Benedicto no se comportó suavemente respecto de lo que consideraba asuntos críticos de la doctrina. Aún persiste el desacuerdo entre las dos Iglesias sobre asuntos como la infalibilidad papal y la ordenación de mujeres. En consecuencia, Ratzinger impidió que católicos alemanes compartieran la comunión con sus hermanos luteranos en una celebración conjunta en 2003.