THE NEW YORK TIMES
El misterio de la insurgencia en Irak

POR JAMES BENNET
WASHINGTON.- Las fuerzas estadounidenses en Irak han sido acusadas con frecuencia de demorarse en aplicar las duras lecciones aprendidas en Vietnam y otras partes, acerca de cómo combatir a una insurgencia. Sin embargo, desde un punto de vista exterior, parecería que nadie ha olvidado las lecciones de la historia de manera más decisiva que los mismos rebeldes.

Los insurgentes en Irak demuestran poco interés en ganarse el corazón y la mente entre la mayoría de los iraquíes, en crear una legitimidad internacional, o en articular un programa de gobierno o incluso una ideología o causa unificadas, más allá de expulsar a los estadounidenses. No han presentado a un solo líder carismático, ni desarrollado un gobierno o ala política alternativos, ni mostrado intenciones de amasar territorio para gobernar ahora.

En vez de emplear la clásica táctica rebelde de provocar a las fuerzas extranjeras para que hagan un uso torpe o excesivo de la fuerza y maten a civiles, se distancian de los mediadores y matan a civiles indiscriminadamente, además de objetivos más predecibles como funcionarios del nuevo gobierno. Los atentados explosivos se intensificaron en las últimas semanas.

Este incremento en el asesinato de civiles refleja lo misteriosa que es la estrategia a largo plazo, y cómo la aparente indiferencia de los rebeldes hacia los anteriores patrones de insurgencia no es necesariamente una buena noticia para nadie.

No es sorprendente que los periodistas, y evidentemente los agentes secretos estadounidenses, tengan grandes dificultades para penetrar esta insurgencia. Lo sorprendente es que los combatientes se esfuerzan tan poco por anunciar metas unificadas.

Los expertos en contrainsurgencia se muestran anonadados, y se preguntan si el mundo observa el nacimiento de una nueva clase de insurgencia; si, al igual que en China en la década de los 30 0 Vietnam en los años 40, les toma a los rebeldes algunos años para organizarse, o si, como sospechan algunos, existe una explicación más sencilla.

“En vez de preguntar, ‘¿cuál es la lógica aquí?, no la encontramos’, podríamos especular que no hay lógica aquí”, afirmó Anthony James Joes, profesor de ciencias políticas de la Universidad St. Joseph’s, en Filadelfia, y autor de varios libros acerca de la historia de la guerrilla. Los ataques parecen hoy como “violencia promiscua”, agregó. “Y existe un nombre para estos individuos: perdedores”.

“Los insurgentes lo hacen todo mal ahora”, aseguró. “O, en cualquier caso, no entiendo por qué hacen lo que hacen”.

El doctor Steven Metzdel Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército, señaló que la insurgencia podría estar organizándose. No obstante, subrayó, “es realmente significativo que dos años después no haya surgido aún algún tipo de ideología política o de portavoz político o de ala política. Verdaderamente es una insurgencia nihilista”.

Advirtió que esta cualidad podría dificultar la represión de los insurrectos, a pesar de que la falta de unidad hace poco probable que gobiernen Irak. “Hace más difícil erradicar la insurgencia, pero también hace más difícil que los rebeldes consigan su objetivo final: si es que se trata de controlar el país”, aseveró.

El que nadie sabe si ese es el objetivo es, según los estándares históricos, una de varias notables y desconcertantes características de esta contienda.

Una causa clara — con amplio respaldo — suele ser tomada por hecho por los expertos como un requisito para una insurgencia exitosa.

Pero los insurgentes en Irak parecen luchar por distintas causas: los miembros del Partido Baath luchan por algún tipo de restablecimiento del antiguo régimen, los musulmanes sunitas luchan por expulsar a los estadounidenses, y los combatientes extranjeros desean convertir a Irak en campo de batalla de una contienda religiosa global. Se dice que algunos hombres combaten por dinero, y el crimen organizado podría tener un papel.

Esta incoherencia es algo nuevo. “Si miramos las insurgencias del siglo XX, todas tendían a ser muy coherentes en términos de su ideología”, afirmó Metz. “En cuanto a la mayoría de las insurgencias serias, podríamos afirmar: Esto es lo que quieren”.

En Irak, los grupos rebeldes parecen compartir el objetivo inmediato común de liberar a Irak de la presencia estadounidense, una meta que podría encontrar simpatía entre los iraquíes furiosos por el mal servicio de electricidad y agua y el alto índice de desempleo.

La población iraquí podría distinguir entre los grupos que pertenecen a la insurgencia y sus tácticas. No obstante, los insurgentes no han propuesto públicamente una alternativa de gobierno, y su mensaje anti-estadounidense se ve empañado por sus ataques contra civiles y por la elección de un gobierno iraquí que no ha solicitado a los estadounidenses que se marchen.

Si la insurgencia intenta derrocar a este régimen, enfrenta un formidable obstáculo que los rebeldes exitosos del siglo XX no enfrentaron en general: un gobierno democráticamente electo. Uno de los más célebres teóricos y practicantes de la revolución, el Ché Guevara, calificó tal obstáculo como insuperable.

“Donde un gobierno ha llegado al poder mediante alguna forma de voto popular, fraudulento o no, y mantiene al menos una apariencia de legalidad constitucional”, escribió, “el brote guerrillero no puede ser promovido, ya que las posibilidades de la lucha pacífica no han sido agotadas”.

El adversario elegido por los insurgentes es poco usual. Pero la reciente intensificación de la violencia sigue al menos un patrón probado por el tiempo. Aparentemente, los rebeldes tratan de frustrar cualquier avance hacia la estabilidad con evidencia e imágenes de caos. El asesinato de por lo menos 250 policías, soldados y reclutas encaja también en este patrón, ya que los insurrectos acostumbran a tomar como blancos a presuntos colaboradores, para aislar al régimen. Es menos evidente el objetivo de la muerte de cerca de 150 civiles.

Las relaciones entre los rebeldes y la población en general es siempre compleja. Mao Tse Tung pustoló célebremente que los guerrilleros se mueven entre la población como los peces se mueven en el agua. Pero también advirtió que “una revolución no es una fiesta”, y muchos rebeldes, incluyendo al Vietcong, usaron el terror — con frecuencia aplicado de manera selectiva — en contra de civiles, para orillar a segmentos de la población a asumir al menos un apoyo pasivo.

Tras su experiencia en fomentar una revuelta árabe contra los turcos, T. E. Lawrence llegó a la conclusión de que los insurgentes necesitan solamente 2 por ciento de apoyo activo por parte de la población, y 98 por ciento de apoyo pasivo.

Lo curioso acerca de la táctica iraquí es que parece destinada a crear una activa oposición. La insurgencia es impulsada por sunitas; los civiles que han matado son en su mayoría chiítas o curdos. El objetivo parece ser dividir la frágil coalición gobernante y fomentar las pugnas sectarias.

No obstante, si los insurrectos consiguen desencadenar un conflicto civil generalizado, los posibles perdedores serían los mismos sunitas, ya que son una minoría. Luego de gobernar durante décadas en Irak, los sunitas están acostumbrados a liderar, y podrían suponer simplemente que serán capaces de recuperar el control. O tal vez apuestan a que el caos conducirá a la separación, permitiendo a los sunitas gobernarse a sí mismos.

Si el objetivo inmediato de los rebeldes iraquíes es relativamente limitado — no derrocar al gobierno y expulsar ahora mismo a los estadounidenses, sino aguijonearlos y hacerlos sangrar — , eso tendría por lo menos antecedentes sólidos. Como destacó el experto antiterrorista Bruce Hoffman, en un documento dirigido a Rand, el año pasado, “durante más de 30 años, un grupo dedicado de aproximadamente 200 a 400 pistoleros y bombarderos del ERI frustró el mantenimiento de la ley y el orden en Irlanda del Norte, exigiendo el prolongado despliegue de miles de tropas británicas”. No obstante, el ERI aún está lejos de su más amplio objetivo: expulsar a los británicos.

Entre los rebeldes iraquíes, los jihadistas forman un grupo que ha insinuado un amplio objetivo. Desean establecer un nuevo califato, un régimen religioso con fronteras en expansión. Para ellos, la destrucción y el caos en Irak podrían representar fuerzas creativas, medios para aumentar los contrastes entre sectas, religiones y civilizaciones enteras. En busca de paralelos, varios expertos compararon a los insurgentes en Irak con los violentos anarquistas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Tal movimiento echó raíces entre los enajenados y desarraigados que no podían encontrar un sitio en una sociedad moderna.

No obstante, podría probar ser una de las humillantes lecciones de la historia el que la historia misma no consiga iluminar el conflicto que se desarrolla en Irak. Nadie sabe con certeza lo que traman los insurgentes.

“Claramente tiene sentido para las personas que lo llevan a cabo”, afirmó Loren B. Thompson, analista de defensa del Instituto Lexington. “Y eso, más que nada, nos dice lo poco que entendemos acerca de la región”.