THE NEW YORK TIMES
Los cardenales están sujetos a la presión de sus pares

POR HENRY FOUNTAIN
El lunes, 115 de los funcionarios católicos romanos más poderosos del mundo se encerrarán en el Vaticano, donde vivirán y respirarán asuntos relacionados con la iglesia, y personalidades de la misma, 24 horas al día hasta que hayan elegido a un sucesor del Papa Juan Paulo II.

El cónclave de cardenales tendrá lugar en un ambiente de secreto y seclusión extraordinarios. Nada de llamadas telefónicas, cartas o e-mails – y ciertamente nada de equipos de camarógrafos estilo “Big Brother” pidiendo a los cardenales que expliquen su voto después de cada ronda.

Estos procedimientos son tan secretos que es difícil para cualquiera al margen del Colegio Cardenalicio explicar lo que está ocurriendo, cuando menos durante varios años. Un experto en comportamiento organizacional describió un cónclave papal como “totalmente opaco” y lo comparó, en broma, con tratar de entender al gobierno de Corea del Norte.

Aunque éste no es un organismo deliberativo – y los cardenales no son ciudadanos comunes – quienes estudian la dinámica de grupo dicen que, cuando el cónclave se inicie, algunas cosas comunes podrían ocurrir.

“Ser un cardenal “no excluye que pasen algunas cosas psicológicas”, dice el doctor Richard Moreland, catedrático de Psicología de la Universidad de Pittsburgh. Y una cosa psicológica básica que ocurre en grupos es que ciertos miembros acceden a los deseos de otros.

“La conformidad es una cosa grande”, dice Moreland. Hay de dos tipos: la conformidad informacional, en la que una persona cree que otros saben más que él, y la conformidad normativa, en la que el temor de rechazo o pérdida de estatus es la fuerza impulsora.

Algunos cardenales tienen papeles más grandes de liderazgo: viajan y se entrevistan con otros funcionarios de la iglesia regularmente. De forma que la conformidad informacional puede desempeñar un papel. Dado que los cardenales bien conectados pueden ser vistos como personas con mejor acceso a información, pueden tener influencia sobre colegas que trabajan en un aislamiento relativo.

La influencia puede resultar evidente poco después del inicio del cónclave. “Una cosa que sabemos acerca de grupos es que tienden a formar jerarquías de estatus muy rápidamente”, dice el doctor Philip Tetlock, catedrático de la Facultad de negocios en la Universidad de California en Berkeley. Moreland dice que la primera votación es importante. “La gente prestará mucha atención”, dijo. “Pueden empezar a formarse coaliciones en favor de ciertos candidatos”.

La formación de coaliciones sin duda se verá estimulada por el cabildeo que tuvo lugar antes del cónclave. En entrevistas con medios de comunicación y en homilías durante los días del funeral del Papa, algunos cardenales trataron de presentar sus argumentos, sutilmente, en favor de alguno de sus colegas. O en favor de ellos mismos.

Una vez que los cardenales están adentro, sin embargo, las instituciones modernas como los medios de comunicación son olvidadas. El Colegio de Cardenales ha tenido el deber de elegir al papa durante casi mil años, y el primer cónclave aislado se celebró hace más de 700 años. Los reglamentos de votación – el elegido debe recibir una mayoría de dos terceras partes de los votos más uno – han existido con ligeros cambios desde 1179, aunque el Papa Juan Pablo II introdujo una modificación importante en 1996, al establecer que se requiere sólo una mayoría simple después de un determinado número de votaciones.

Los líderes que establecieron el proceso al parecer sabían lo que estaban haciendo. De hecho, un cónclave quizá esté cercano a ser un grupo ideal, dice James Surowiecki, autor de “The Wisdom of the Crowds” (“La sabiduría de las muchedumbres”), acerca de la toma de decisiones y la dinámica de grupos. “(El cónclave) es geográfica y teológicamente diverso”, dijo. “Y la diversidad es muy importante para que los grupos tomen decisiones inteligentes”.

Moreland dice que el secreto, que se extiende a la votación – a los cardenales se les exhorta a disfrazar su escritura cuando llenan sus papeletas de votación – quizá ayude al proceso.

“Se obtiene mucho menos conformidad cuando la gente puede responder anónimamente”, dijo. “Si nadie puede saber que usted está desafiando al grupo, tiene mucho menos que temer”.

Surowiecki dice que algunos miembros aún así “seguirán” el criterio de los de un estatus superior, o de aquéllos que son más comunicactivos, o tienen mayor seguridad en ellos mismos. Pero mayor habilidad para hablar y un estatus superior no necesariamente están ligados a mayor inteligencia o comprensión.

“La verdadera paradoja de la inteligencia de grupo es que los grupos son más inteligentes cuando todos están actuando como individuos hasta donde sea posible”, dijo Surowiecki.

En el pasado, eso no siempre ha sido posible. El proceso del cónclave fue establecido en parte para proteger a los cardenales de las presiones políticas o nacionalistas, con un éxito limitado. Hasta principios del siglo XX, algunas naciones católicas tenían el derecho de vetar a un candidato papal.

Otras presiones de una índole más física también se han aplicado. Durante un cónclave en el siglo XIII en Viterbo, Italia, que prácticamente podría describirse como interminable (duró casi tres años), los habitantes de la ciudad finalmente se hartaron. Removieron el techo del palacio para exponer a los cardenales a los elementos y les enviaron únicamente pan y agua. El estancamiento se disolvió rápidamente, y un lego fue elegido, Gregorio X; logró mucho en su reinado de cinco años.

No hay, sin embargo, garantía de que los cardenales realizarán una buena elección. El doctor Jery B. Harvey, de la Universidad George Washington, sabe cómo puede ocurrir una mala elección. Ha descrito lo que llama “la paradoja Abilene”, cuando la presión para el conformismo basado en temores hace que la gente haga lo que no desea hacer. (El nombre proviene de un viaje de pesadilla en auto que su familia realizó en una ocasión a Texas; cuando llegaron a Abilene, se dieron cuenta de que ninguno deseaba hacer el viaje.) Harvey dice que podría imaginar una situación en la que los cardenales “seleccionaran a alguien que todos estarían estarían de acuerdo en que no lo querían”.

De hecho, ayuda que los cardenales normalmente no pasan mucho tiempo juntos. “Si la gente se conoce entre sí y no desea causar problemas a los demás”, dijo, “acaba por ir a Abilene”.