THE NEW YORK TIMES MAGAZINE
Bush adopta una firme visión del poder

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POR RICHARD W. STEVENSO
WASHINGTON.-
El poder presidencial siempre ha sido tanto una función de circunstancias, personalidad y habilidad política como una prerrogativa constitucional. En una histórica decisión de la Suprema Corte, en 1952, el juez Robert H. Jackson, evaluando la manera en que el poder se mueve entre las ramas del poder, invocó la máxima de Napoleón: “Las herramientas pertenecen al hombre que puede usarlas”.

George W. Bush no ha mostrado tímidez al tomar esas herramientas, ya sea en sus forma constitucional o de decisión de estrategias o políticas. Hace poco, consiguió un gran triunfo cuando una corte federal de apelaciones confirmó de manera unánime el derecho de un Presidente para tomar muchas de sus decisiones a puerta cerrada.

Claramente, el Presidente ha intentado controlar y extender su poder y presentar su oficina aún más como un asiento del poder que bajo muchos de sus predecesores. Conforme a muchos estándares, ha tenido éxito, en parte debido a su papel como comandante en jefe en momentos en que existen amenazas para la nación, y en parte a su agresivo estilo de promover su agenda y sus intereses políticos.

La pregunta que no ha sido respondida es si ha alterado fundamentalmente la Presidencia en formas que durarán más allá de su mandato y borrarán el legado remanente de Vietnam y Watergate, que fueron tomados como lecciones sobre el peligro de un poder ejecutivo demasiado poderoso y secreto.

“Ha obtenido poder de manera informal y permanente para la próxima persona en el cargo, y lo hizo más que cualquier presidente desde LBJ”, subrayó James Thurber, director del Centro para Estudios sobre el Congresionales y Presidenciales de la Universidad Americana en Washington, refiriéndose a Lyndon B. Johnson.

Bush reclamó para sí mismo el poder para sentar una política respecto a la detención e interrogación de personas arrestadas durante la lucha contra el terrorismo. Usó el poder ejecutivo para realizar cambios en la política ambiental mediante la creación de reglamentos y cambios regulatorios en temas que van desde la limpieza del aire y el agua hasta la construcción de caminos en tierras federales que anteriormente se encontraban fuera de los límites. Ha luchado por proteger la capacidad del gobierno para impedir que el Congreso llame a colaboradores de la Casa Blanca a testificar, y ha actuado para limitar la revelación de documentos presidenciales históricos.

En términos puramente políticos, Bush sentó un nuevo estándar para reclamar un mandato incluso en los triunfos electorales más reñidas, afirmando que su victoria por reducido margen en el 2000, sin importar su triunfo muchos más claro del año pasado, representa una licencia para perseguir una ambiciosa reevaluación de la política económica y social conforme a lineamientos conservadores. Según, cifras recopiladas por el Congressional Quarterly y citadas por Thurber, Bush y su primer equipo tuvieron el mejor desempeño en lograr la aprobación de sus iniciativas en el Congreso desde Johnson.

Los presidentes Gerald R. Ford y Jimmy Carter se vieron evidentemente más restringidos después del caso Watergate y el clima posterior a Vietnam. Ronald Reagan reclamó en gran medida la grandeza y la autoridad del cargo, pero luego se vio afectado por el escándalo y las confrontaciones con el Congreso. El primer presidente Bush nunca ejerció el mismo poder político las mismas políticas en cuanto a las relaciones exteriores, y Bill Clinton se vio obstaculizado por un Congreso dominado por republicanos y los efectos de su relación con una becaria.

No obstante, aunque el Presidente Bush ha empujado el péndulo mucho más lejos que cualquiera de ellos, desde donde se encontraba hace más de 30 años, aún no lo ha sentado firmemente allí.

Por principio de cuentas, mucho de lo conseguido por Bush es producto de una época y un sitio particulares.

Harvey C. Mansfield, profesor de gobierno de la Universidad de Harvard, señaló que las circunstancias le permitieron a Bush ampliar la autoridad de su oficina: un Congreso predominantemente republicano aunado con un Presidente republicano, y la percepción de un peligro proveniente del exterior que llevó a Bush a adoptar la doctrina de hacer frente a las amenazas antes de que surjan totalmente. Pero eso no significa necesariamente que la persona que entre a la Oficina Oval el 20 de enero de 2009 contará con la misma caja de herramientas a su disposición.

“La oficina está aquí, lista para ser moldeada por su ocupante”, afirmó Mansfield, quien ha escrito extensamente acerca del poder ejecutivo. “No creo que la estructura sea jamás algo permanente. Lo que obtuvo de un presidente puede perderse, voluntariamente o no, por el siguiente.

En algunos frentes, la asertividad de Bush se ha visto cuestionada. La Suprema Corte frenó la política del Presidente de detener a personas asociadas con la amenaza del terrorismo, dictaminando que las cortes pueden revisar la situación de cientos de extranjeros en Bahía de Guantánamo, y que Estados Unidos no puede mantener detenido a uno de sus ciudadanos en un calabozo militar de manera indefinida, sin iniciar un juicio.

El enfoque de Bush al acto de gobernar se ha topado frecuentemente con sus límites. La angustia dentro de los mismos republicanos en el Senado por la nominación de John R. Bolton como embajador ante las Naciones Unidas demostró la dificultad de dominar el Congreso. Una derrota para Bush en su intento por modernizar la seguridad social lo pondría claramente en peligro de perder su influencia al inicio de su segundo mandato.

Lo que distingue a Bush es su voluntad para hacer frente a cualquier batalla, aun cuando tengan un precio político; un rasgo que muchos de sus predecesores, debido a sus propias circunstancias políticas y personalidades, no siempre compartieron.

Convocado a la Oficina Oval en 1995, Abner J. Mikva, entonces consejero de la Casa Blanca, encontró a Clinton molesto porque los republicanos en el Capitolio lo obligaban a divulgar más documentos relacionados con una disputa con la legislatura sobre la ayuda económica a México. Informado por Mikva de que la Casa Blanca solamente había retenido tres páginas que resumían una conversación privada sostenida por el entonces presidente con su similar mexicano, Clinton ordenó en un principio que fueran reveladas incluso esas páginas, solamente para ser disuadido por Mikva y sus colaboradores.

Mikva asegura que el instinto de Bush es totalmente opuesto: luchar contra todas las intrusiones contra el poder presidencial.

“La separación de poderes funciona debido a quién tiene más fuerza”, aseveró Mikva. “Cuando el Presidente hace alarde de fuerza, como lo hace actualmente Bush, tiene mucho poder. Está dispuesto a enfrentar a las cortes y al Congreso y a ejercer su poder de manera grandiosa”.