Tiempo de espera

POR LEONOR ASILIS
Estamos en Adviento, que quiere decir tiempo de espera. Quien es el que viene? Para quien viene? Es Dios quien se encarna en Su Hijo Jesús para devolvernos la vida que perdimos por el pecado. Viene diminuto, el que no tiene límites. Llega en la pobreza quien de todo es dueño, creador y Señor, para destruir nuestra soberbia. La Iglesia en este tiempo nos invita a prepararnos interiormente para poder recibir en nuestros corazones al Rey que nos libera, que nos transforma y nos colma de bendiciones.

La mejor forma de hacerlo, es contemplarle, es amarle e imitarle. Buscar su compañía, hacerlo presente en nuestras vidas y dejar  que sea El quien actúe. Con El, todo es posible!

Los rencores más fuertes desaparecen, los sinsabores más amargos se dulcifican, los caminos se expanden y la alegría de vivir se intensifica. Vivir para El es nuestro norte  y la belleza que nos espera  en la meta final de su encuentro cara a cara aún no es posible de asimilar en nuestra imaginación como dice la Palabra: “Ojos no han visto, oídos no han oído lo que les espera a los que aman a Dios”.

Recibir a Jesús es la clave. Ojalá que seamos capaces de encontrar en este  tiempo la verdadera alegría que se encuentra en la esencia de nuestra existencia y no nos dejemos llevar de lo caduco, de lo efímero, lo que acaba.

El Adviento y la Navidad han experimentado un incremento de su aspecto externo y festivo profano tal que en el seno de la Iglesia surge de la fe misma  una aspiración a un Adviento auténtico: la insuficiencia de ese ánimo festivo por sí sólo se deja sentir, y el objetivo de nuestras aspiraciones es el núcleo del acontecimiento, ese alimento del espíritu fuerte y consistente del que nos queda un reflejo en las palabras piadosas con que nos felicitamos las pascuas. ¿Cuál es ese núcleo de la vivencia del Adviento? Que encontremos el  sentido real de la Navidad, de Dios con nosotros y asimismo seamos sus  mejores mensajeros de su Paz y de su Amor. Finalmente, queremos agregar que el tiempo de Adviento es muy apropiado para intensificar la acción  de nuestra caridad y solidaridad con nuestros hermanos más necesitados y desear que nos animemos a dar y darnos más por ellos, gracias a Aquel que se nos dio por entero.

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