Tiempo de reflexión

A cierta distancia de la ciudad de Jerusalén, un grupo de pastores cuidaban sus ovejas durante las vigilias de la noche.

De repente, un ángel del Señor se les manifestó envuelto en un destello de luces resplandeciente.

El fenómeno les llenó de temor.

Hacía más de cuatrocientos años que en Israel no ocurría algo así.

Desde el profeta Malaquías hasta ese momento, en la nación se había producido una especie de distanciamiento entre Dios y su pueblo.

Todo era producto de la condición pecaminosa y de desobediencia.

El contexto histórico de la aparición divina era difícil. El Imperio Romano dominaba todo, produciendo un sentimiento desmoralizante en un pueblo que anhelaba su libertad. “No tengan temor”, dijo el ángel. Razón: “Porque os traigo buenas nuevas que serán de gran gozo para todo el pueblo”.

Es que había nacido el Mesías, el Salvador, el Redentor del mundo, el Hijo de Dios. Eso es exactamente lo que celebramos en esta fecha. Navidad significa nacimiento. Es propicia la ocasión para que la nación dominicana se concentre a reflexionar y disfrutar de este ambiente agradable.

Ahora es cuando las familias deben juntarse en paz y armonía a compartir.

Los políticos deben hacer un alto y dejar el espacio a la conmemoración del ser más grande que ha tenido la humanidad.

Ellos deben pensar, además, en el futuro de nuestra nación.

En este año que culmina hemos tenido malas noticias con las drogas, dificultades económicas, violencia, corrupción, ineficiencia en los servicios, falta de empleo, entre otras cosas.

Vamos a pensar profundamente y tratemos de que el Nuevo Año nos traiga buenas noticias, un cambio de dirección.

Que el Todopoderoso ilumine la mente y el corazón de todos para trillar un sendero de paz, amor, prosperidad y mejor condición de vida.