Tiempo de sequía

Con gran consternación hemos recibido la noticia de que las presas han bajado del nivel normal y que se pronostica una fuerte escasez de agua, en nuestra nación. ¿El motivo? No ha caído agua del cielo. Pueden ser obvias las razones científicas que explican este preocupante hecho. Sin embargo, cuando vemos los registros escriturales, nos damos cuenta de que es Dios mismo que, por la desobediencia de los pueblos, retiene la lluvia. El ha dicho, de manera categórica, que si andamos en sus mandamientos y los ponemos por obra, dará lluvias en su tiempo, de manera que la tierra dará sus productos, y los árboles del campo darán su fruto. Muy lejos de esa obediencia, hemos estado. Ha llegado un momento donde la maldad del hombre es insostenible. Mencionar los hechos que la materializan, no tendría sentido. Todos sabemos de qué estamos hablando. La sequía es una alerta del Todopoderoso para que se le dé carácter a la búsqueda de soluciones, ante los terribles acontecimientos, producidos, sin tregua alguna, en nuestra amada República Dominicana. Es un llamado a volvernos al Dios Eterno, a través del Mesías, quien se dio como ofrenda, para que pudiésemos hacerlo. Estamos cautivos de nuestras limitantes humanas. No podemos hacer que llueva, por nosotros mismos. No podemos levantar la voz a las nubes,para que abundancia de agua nos cubra. Lo que sí podemos es alzar los ojos al cielo, en la más absoluta humillación, y pedir lluvia al Altísimo que hace los nubarrones. Él nos dará aguaceros. ¿Decidiremos obedecer al Altísimo para que se abran los cielos?