Tiempo de tango para Argentina

Argentina corre el grave peligro de excederse en su apuesta con las propuestas de reestructurar más de US$100 millardos de deuda soberana incumplida. La última versión de la oferta sigue siendo punitiva. Argentina no hizo esfuerzos serios para negociar con sus acreedores del sector privado. Esto es una burla a la posición del Fondo Monetario Internacional, de que le prestará contra los adeudos siempre que el prestatario entre en negociaciones de buena fe para reestructurar su deuda.

Argentina haría bien si entrara en negociaciones constructivas sobre cómo su oferta pudiera mejorarse. Si no lo logra, y como consecuencia no logra un respaldo abrumador para el acuerdo de reestructuración, el FMI tendrá que estar preparado par detener nuevos préstamos. Se han hecho ya demasiadas excepciones. El comportamiento de Argentina está estableciendo precedentes peligrosos para situaciones futuras de cese de pagos.

Roberto Lavagna, el ministro de Economía de Argentina, hasta ahora ha disfrutado jugando fuerte. En verdad, ha tenido éxito en demostrarle al mundo que los prestatarios soberanos distan mucho de ser impotentes en sus negociaciones con los acreedores privados. Los acreedores tendrán que aceptar un recorte importante como parte de un acuerdo de reestructuración. En verdad, la diferencia entre la oferta que Argentina está dispuesta a realizar -unos 30 centavos por dólar- y lo que pudiera ser la cantidad máxima posible, probablemente no sea grande.

Sin embargo, su manejo del proceso ha violado normas de transparencia y cooperación. La amenaza de un cese de pagos indefinido de la deuda para los que no cejen, es inaceptable. La estructura del arreglo es demasiado mañosa. El Banco de Nueva York tuvo razón en salir del negocio.

El enfoque de confrontación de Argentina tiene todavía menos sentido considerando que su crecimiento es fuerte, las exportaciones y reservas son elevadas, y que el excedente fiscal supera los pronósticos del gobierno. Ya no está actuando a la desesperada. Cualquier cosa que crean los políticos, el incumplimiento en los pagos no está libre de costos. La confianza se verá afectada y se debilitará el crecimiento del año próximo. A largo plazo, Argentina pagaría el precio con las inversiones que va a perder, necesarias para sostener el desarrollo en marcha.

El FMI está esperando que se produzca la oferta de reestructuración. Es justo. Pero tiene que dejarle claro a Argentina que va a ser falta un alto nivel de aceptación de los acreedores para que continúen los préstamos; un 80% sería razonable. Cada 10% de los que no aceptan representa US$10 millardos que irán a litigio en los tribunales. El Fondo también tiene que hacer que Argentina cumpla con sus otros compromisos de buscar una reforma estructural que ha quedado muy rezagada, según el programa.  

Si el FMI no le presta más, Argentina podría dejar de pagar también sus préstamos multilaterales. Pues que sea. Está en juego la credibilidad del Fondo, y en esta ocasión el Tesoro de Estados Unidos debe respaldar esa posición. Los mercados emergentes que juegan según las reglas -respaldadas por el G20 el pasado fin de semana- tienen que ver que su comportamiento no los pone en desventaja, si se compara con Argentina u otros casos similares. Si EEUU desea hacer algo a favor de América Latina, Brasil es un candidato más conveniente.

TRADUCCION: IVAN PEREZ CARRION