Mostrando lo que no somos

DIEGO A SOSA

Estoy sentado en un restaurante después de almorzar y veo en la mesa contigua a una joven parejita. No es que sea entrometido, me quedan de frente y llaman mi atención. Como estaba escribiendo comparto lo que observo de la conducta humana.

Ambos hacen el mayor de los esfuerzos por no mostrar una parte que piensan el otro rechazará; mientras, intentan por todos los medios dar una imagen de lo que piensan causará la mejor impresión.
En el ajedrez social que jugamos estamos convirtiéndonos en entes que no somos, que no queremos ser, pero que pensamos que debemos ser. A la larga nos conocen como somos y se sienten engañados.
Los jóvenes que tengo en frente salen por primera vez. ¿Que cómo lo sé? No es difícil saberlo al observar su lenguaje corporal e interpretar su comportamiento y vestimenta, es solo ponerlo todo en contexto… deducción lógica. Quizá se conviertan en pareja, sus esfuerzos por impresionarse deben ser recompensados y el lenguaje corporal de ella me lo confirma al tiempo que avanzo en este escrito. Si quiere saber más de esa lengua casi muerta puede encontrarlo en mi libro: Ventas, Oratoria y Lenguaje del Cuerpo.
Quisiera que ellos pasaran rápido esta etapa de mercadeo y dejen de esconder lo que en realidad son (hasta podría gustarle al otro). Al final, la duración de esa relación estará condicionada a esas personas que esconden, no a la que tratan de mostrar, las que yo como profesional desde mi mesa puedo ver con transparencia. Ser auténtico conlleva sus riesgos, lo entiendo. No sugiero que desde el inicio dejemos salir esa parte de la que no estamos orgullosos. ¿Por qué pienso así? De estar orgullosos no la esconderíamos. Reconocer que algo puede ser rechazado nos debe llevar a rechazarlo, cambiarlo de raíz y sentir autenticidad en nuestro accionar con ese nuevo yo.
Tratar de ser aceptados socialmente consume demasiadas energías y nos lleva a una unión con una persona que no es compatible con nosotros.
La temporada del mercadeo debe ser para conocer a la verdadera persona, como explico en mi libro sobre las relaciones interpersonales, Migomismo II. Debemos estar abiertos a aceptar y poner en una balanza. Decidir racionalmente si es la persona para pasar parte o el resto de nuestra vida. Debemos vivir las emociones sin lanzarnos a un precipicio. Les cuento, están cada vez más cerca… ya casi.