Tiene la palabra

El presidente Leonel Fernández ha anunciado que a las 8:00 de esta noche hablará al país a propósito de los primeros cien días del período gubernamental que iniciara con el apoyo mayoritario del pueblo dominicano el pasado 16 de agosto.

No sabemos –naturalmente- qué dirá el señor presidente de la República en su alocución a todo el país, pero él se ha encargado de crear suficiente expectativa durante dos semanas como para que el pueblo dominicano tenga la esperanza de que el gobernante trae buenas noticias para su nación.

Cuando asumió la jefatura del Estado el doctor Fernández encontró una situación casi desconcertante en el ámbito social, económico, financiero, un desmoronamiento de la confianza de los inversionistas, pero con un ambiente político muy favorable, creado tanto por el grueso apoyo popular que cosechara en las elecciones de mayo, como por la actitud consecuente del gobernante saliente, agrónomo Hipólito Mejía, quien no solo no le regateó su triunfo electoral, sino que facilitó –a través de comisiones de transición y directivas para evitar “travesuras” en la transición- que el nuevo mandatario contara con informaciones y acceso a datos que le permitieran preparar las medidas fundamentales de sus primeras acciones.

El efecto del cambio de gobierno y la continuidad de una política monetaria restrictiva del circulante provocaron de inmediato una baja considerable en la cotización del dólar y otras divisas de libre canje en el país.

No obstante, esa baja sustancial, superior al 40% de la cotización del dólar al asumir el mando el presente gobierno, no se refleja fielmente en los precios de los artículos de primera necesidad, no se refleja para nada en los pasajes y por el contrario se han incrementado en el servicio de energía eléctrica –y se anuncian más ajustes hacia arriba en la tarifa-, los reajustes salariales todavía son promesas por cumplir y el grueso de la gente solo puede seguir esperando que mejore la situación.

-II-

Señor presidente, hable al país y ayude a convertir las esperanzas en acciones tangibles que reviertan la espiral de pobreza que se ha creado en el seno de la sociedad dominicana.  Ayude,  además, a todos sus funcionarios a convertir la fuerza de sus convicciones en trabajo productivo a favor de la eficiencia, la laboriosidad, la seriedad, la capacitación y el servicio a los ciudadanos que por tanto tiempo se han sentido defraudados.

Convierta, Presidente Fernández, todo el apoyo que aun usted mantiene en todos los sectores del país, en fuerza moral para sacudir los cimientos de la corrupción, para obstaculizar el cabildeo y para acabar la sumisión que extensas franjas de la sociedad tienen que practicar para obtener un empleo o para conseguir el pago de una deuda o prestar un servicio al gobierno.

No decline, jamás, su responsabilidad para combatir el crimen, el bandolerismo y la inseguridad que hoy campea por las calles, avenidas y caminos del país. 

Despliegue, si lo considera oportuno, a todos sus funcionarios en un esfuerzo continuo para mejorar la calidad de la enseñanza, para satisfacer las aspiraciones de salud de una población que tiene cerradas las puertas a los servicios de asistencia médica privada por el desnivel entre los ingresos y lo costoso que resultan.

La esperanza del discurso de hoy es que aceptemos que estamos lejos de haber llegado a revertir una situación que afectó seriamente la economía y la calidad de vida de los dominicanos, y que por tanto, necesitamos más esfuerzos, más pulcritud, menos burocracia consumidora de recursos de los contribuyentes y dedicar a los mejores técnicos y profesionales a aportar soluciones efectivas a los problemas que por tanto tiempo nos agobian.

Tiene usted, señor presidente, la palabra, y no dude que lo escucharemos atentos.