TIERRAMÉRICA
Provincias argentinas bajo amenaza letal del uranio

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POR MARCELA VALENTE 
BUENOS AIRES.- La justicia argentina investiga casos de contaminación con uranio en torno al Centro Atómico Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires. Una pareja enferma de cáncer fue aceptada como querellante.

La primera denuncia llegó al fiscal en 2000, cuando vecinos de la zona alertaron sobre el posible “envenenamiento” del agua con uranio y responsabilizaron a la planta nuclear por el eventual impacto sanitario en la población.

“Todos los informes admiten contaminación y todos son válidos. El juez tendrá que combinar los resultados y llegar a una conclusión”, dijo a Tierramérica el biólogo Raúl Montenegro, presidente de la independiente Fundación para la Defensa del Ambiente.

En su sitio web, esta organización afirma que accedió a un informe del gobierno de la provincia de Buenos Aires –firmado por nueve funcionarios y conocido a fines de 2005– “donde se reconoce la contaminación con uranio del agua subterránea en Ezeiza”.

También señala que el documento, calificado de “confidencial”, admite que 10 de las 57 muestras de agua analizadas por la Agencia de Protección Ambiental en Estados Unidos exceden los “20 microgramos de uranio por litro, con un valor máximo de 34,5 microgramos por litro”.

“El uranio es radiactivo y tóxico”, pudiendo provocar cáncer y malformaciones genéticas, explicó Montenegro.

“El oncólogo me aseguró que hay una relación directa con el uranio”, dijo a Tierramérica Antonio Rota, vecino de 65 años, quien padece cáncer de pulmón con metástasis en los ganglios. Su esposa, Beatriz Rodríguez, de 62, tiene cáncer de mama.

El Centro Atómico Ezeiza incluye un Área de Gestión de Residuos Radiactivos con un Depósito Central de Material Fisionable Especial Irradiado y una planta de producción de combustibles para dos centrales atómicas, donde se almacena y manipula uranio.

Ese centro admitió contaminación con uranio en dos áreas (Campo 5 y Trincheras), pero aseguró haberla remediado en un caso y estar en proceso de solucionarla en el otro.

La zona presuntamente afectada abarca tres distritos de la provincia –Ezeiza, Esteban Echeverría y La Matanza–, donde viven 1,6 millones de personas.

El juez federal Alberto Santamarina encargó una investigación al geólogo Máximo Díaz, quien dedujo que existe “una importante contaminación proveniente de las actividades del Centro Atómico Ezeiza (actuales y/o pasadas) que afectaron aguas subterráneas a un nivel que impide su uso como bebida humana”.

La gubernamental Autoridad Regulatoria Nuclear cuestionó las conclusiones y la idoneidad del perito. El magistrado pidió una nueva investigación, esta vez a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), dependiente de la Organización de las Naciones Unidas.

La AIEA organizó un estudio para el que convocó a expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras entidades independientes.

El nuevo peritaje defendió la capacidad de monitoreo de la Autoridad Regulatoria Nuclear, pero no encontró relación directa entre el uranio del agua y la actividad del Centro Atómico Ezeiza, sostuvo que la morbilidad por cáncer en el área no superaría al promedio nacional y dijo no haber detectado contaminación radiactiva aunque sí tóxica, derivada del uranio natural.

El máximo de uranio permitido por la OMS en el agua para beber es de 15 microgramos por litro. La AIEA admite que los valores hallados llegan a 36 microgramos, pero los justifica en la ley minera argentina, que permite hasta 100 microgramos por litro.

Vecinos y ambientalistas rechazan este argumento. La ley establece ese máximo para aguas sin tratar. Pero la norma de residuos peligrosos fija 10 microgramos por litro para el agua de riego.

La Autoridad Regulatoria explica que si se toman los 100 microgramos que rigen en la legislación argentina, no existe contaminación radiológica ni química. “Es la norma vigente”, alega.

Montenegro cree que “es inadmisible que los vecinos beban agua con valores de uranio superiores a los estándares de la OMS y a los de agua para riego en Argentina”.

“Confiamos en que el juez no ceda a las presiones”, dijo el pediatra Valentín Stiglitz, presidente de la Asociación Contra la Contaminación de Esteban Echeverría, una organización de vecinos que se formó a raíz de este contencioso.

Ahora el magistrado deberá expedirse sobre el problema, contando con los peritajes y con el testimonio del matrimonio Rota.

Corresponsal de IPS.

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ACENTOS
Playas del Caribe y ecosistemas marinos en riesgo
POR DALIA ACOSTA *

Necesarias leyes más drásticas que protejan a las playas para evitar el proceso de degradación. Hay un desequilibrio entre inversión turística y los programas nacionales sobre turismo sustentable. 

LA HABANA.- El geógrafo José Luis Juanes Martí, del Instituto de Oceanología de Cuba, instó a “enfrentar con mucha seriedad y urgencia” el deterioro ambiental de las playas caribeñas.

La imagen de arenas paradisíacas, que desde hace más de dos décadas sirvió de sustento a varios países del área, podría desaparecer por el impacto de los cada vez más frecuentes huracanes y la sobreelevación del nivel mar, pero también como resultado de la actividad humana.

Rocas en lugar de arena, árboles caídos, construcciones destruidas y penetración del mar tierra adentro, son los síntomas más visibles de la erosión que amenaza tanto a playas de México y Colombia como a las pequeñas islas del Caribe.

Tierramérica dialogó con Juanes, co-autor del informe regional Diagnóstico de los Procesos de Erosión en las Playas Arenosas del Caribe (2003), en la sede de la institución donde trabaja desde 1979, en La Habana, Cuba.

Tierramérica: La erosión de las playas caribeñas va desde un metro hasta nueve metros por año. ¿Cómo se explica esto?

José Luis Juanes Martí: Las olas atacan la playa, ponen en suspensión la arena y generan corrientes que la transportan muy lejos de la costa. Con oleaje moderado, los organismos marinos mueren y sus restos calcáreos se convierten en arena nueva que introducen en la playa.

Hay un desequilibrio entre esa producción y la cantidad que se pierde durante una tormenta. Vemos superficies rocosas donde siempre existió solamente arena, escarpes (escalones) en las playas, árboles caídos y edificaciones destruidas. El mar penetra cada vez más la tierra.

P. ¿Qué papel juegan las construcciones sobre la duna?

R. Las dunas acumulan arena en un momento y aportan en otro. Si construimos sobre la duna, eliminamos esa parte de la playa. Al encontrarse la arena más cerca del mar de lo que debería, la ola la arrastra más lejos y la lleva a una profundidad de la cual no regresa. La construcción no trae ni quita arena, pero acelera la erosión.

P.  ¿La erosión de una playa puede tener otro impacto aparte de la pérdida del valor paisajístico, recreativo y económico?

R. Las playas forman parte de un sistema costero muy diverso, donde todo interactúa. La erosión en una playa puede generar acumulaciones de arena en la pendiente submarina y afectar al arrecife con toda su riqueza. Una gran acumulación de arena sobre un arrecife provoca su muerte.

P.  Pero se sigue construyendo sobre la arena.

R. La mayoría de las legislaciones del mundo establecen una distancia fija para construir. No tienen en cuenta los procesos naturales ni las diferencias entre las costas. En algunos países se establecen 100 metros desde el lugar de máxima penetración del mar, pero en otros puede ser de apenas 10.

En Cuba se aprobó una legislación verdaderamente revolucionaria: establece normas para cada tipo de costa y  prohíbe construir sobre toda la zona de playa, incluida la duna e independientemente de su ancho. El límite se define 40 metros a partir de la duna.

P. ¿El problema es especialmente preocupante en las pequeñas islas? 

R. En la zona continental del Caribe hay magníficas playas. Está Cancún, por ejemplo, pero México no vive sólo de ese turismo. Tiene otros recursos naturales, como agua, minerales y petróleo. En las pequeñas islas, las playas son el principal recurso natural y económico, y debería prestárseles más atención.

Sin embargo, no es así. Muchos países carecen de una verdadera estrategia para un turismo sostenible. Se nota en la ubicación de las instalaciones, en las extracciones generalizadas de arena para la construcción y en planes de manejo insuficientes y, en muchos casos, inapropiados.

P. ¿Cuál sería la mejor opción para recuperar las playas caribeñas?

R. Las medidas para enfrentar la erosión no siempre se ejecutan con rigor científico: se copian soluciones tradicionales –como la construcción de espigones–, exitosas en zonas continentales, pero no siempre idóneas en nuestras condiciones. A veces responden a intereses de propietarios aislados y no a un programa ambiental.

Entre las alternativas más usadas está la alimentación artificial, devolviendo a la playa en breve tiempo la arena que perdió durante años. Pero antes hay que realizar un estudio para ubicar el lugar apropiado para la extracción, muchas veces el mismo banco que se formó con la arena perdida.

* Corresponsal de IPS.

Así se hizo en el sur del (sudoriental) estado de Florida, en Estados Unidos, donde las playas recibieron casi 10 millones de metros cúbicos de arena en las décadas del 70 y 80. Y también en el balneario cubano de Varadero (al este de La Habana), donde desde 1998 se vertió más de un millón de metros cúbicos.

P.¿Cuáles son las perspectivas para el Caribe?

— Si las playas del Caribe no son protegidas y caen en un proceso de degradación y, por el contrario, las de Estados Unidos son recuperadas y mantenidas, enfrentaremos un desvío del turismo que llega a nuestros países y que es, mayoritariamente, norteamericano.

La competencia es muy fuerte. Los turistas vienen acá porque tenemos buenas playas, un clima excelente y unas condiciones ambientales de primera. Pero si no sabemos proteger todo esto, perdemos.

Desafortunadamente, no hay una relación entre la magnitud de las inversiones turísticas y los pasos por impulsar programas nacionales de manejo de la zona costera o desarrollar un turismo sustentable. Tratándose de las pequeñas islas del Caribe que viven del turismo de playa, lo comprometemos todo.

* Corresponsal de IPS.

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ECOBREVES

ARGENTINA
Reclamos de integración ecológica 
BUENOS AIRES.- Ambientalistas de Argentina propusieron a los países del Mercosur (Mercado Común del Sur) un enfoque regional a la hora de elaborar políticas que involucren recursos naturales compartidos. Por primera vez, un foro de organizaciones de la sociedad civil sesionó en paralelo a la cumbre del Mercosur –integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela– realizada los días 20 y 21 de julio en la central ciudad argentina de Córdoba. “El ambiente no entiende de fronteras administrativas.

Los recursos naturales se comparten y la responsabilidad en su manejo también”, declaró a Tierramérica Cecilia Iglesias, de la asociación Red Ambiental.

Esa y otras entidades ecologistas participantes también pidieron regular las actividades de industrias altamente contaminantes, armonizar normas de protección ambiental entre los socios y garantizar el acceso a la información pública sobre estos temas.  

México
Fauna marina contaminada

MÉXICO.- La organización ecologista internacional Greenpeace solicitó a las autoridades sanitarias mexicanas atender la contaminación de fauna marina que pone en riesgo el consumo humano. Alejandro Olivera, responsable de la Campaña de Océanos en esta institución, dijo a Tierramérica que este llamado busca que los estudios amplíen el espectro de elementos contaminantes, no enfocándose exclusivamente en detectar bacterias fecales, como sucede actualmente.

Explicó que con base en investigaciones de 37 científicos mexicanos, varios de ellos de la Universidad Nacional Autónoma de México, se descubrió que varias especies marinas presentan contaminación con zinc, cadmio, plomo y mercurio, así como plaguicidas, salmonela o cólera.

En respuesta, el ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, José Luis Luege Tamargo, pidió a Greenpeace aportar pruebas de sus dichos al Ministerio de Salud para que tome las medidas necesarias.

Brasil
La copaíba es antiinflamatoria
SAO PAULO.- Una investigación realizada en la Facultad de Ciencias de Ribeirao Preto, en la Universidad de Sao Paulo, certificó las propiedades antiinflamatorias de la copaíba (Copaifera officinalis). En pruebas efectuadas con ratones, este árbol nativo de la región tropical de América Latina y África occidental presentó un potencial antiinflamatorio dos veces mayor que el diclofenaco de sodio, un medicamento sintético. Esto quedó de manifiesto porque “con una dosis menor, conseguimos el mismo efecto antiinflamatorio”, explicó a Tierramérica Mónica Freiman Ramos responsable de la investigación, quien cree que tras hacer pruebas toxicológicas y clínicas en humanos, junto con las industrias del sector, se podría acelerar la comercialización del producto.

Hasta ahora, la copaíba es utilizada en la industria de aromas y barnices, y la medicina popular también la emplea como cicatrizante y antiinflamatorio.