Tigueraje e inseguridad ciudadana

La sociedad es un sistema, un organismo vivo, y su funcionamiento depende del funcionamiento de las partes que lo componen.
Lo que se ha observado es que cuando una sociedad no cumple sus propias reglas de juego, se produce el caos, mientras que su cumplimiento produce bienestar y desarrollo. Es lo que se llama ‘imperio de la ley’, o hábito de cumplir las reglas establecidas. En realidad, el compromiso de cumplir las reglas es la primera regla de la civilización. La barbarie no tiene reglas, a no ser las que impone el dictador de turno. Es como decían los monarcas absolutos en la Edad Media: “El Estado soy yo” (l’etat c’est moi). La república, por el contrario, exige que gobernantes y gobernados se sujeten a las leyes establecidas.
El tigueraje que trajo el colonizador nos impide ejercer ciudadanía responsable. “El poder no se entrega”, “el gobernante está para gobernar”, y la Constitución termina siendo “un pedazo de papel”. No es cierto que “el fin justifica los medios”, pues, los medios terminan siendo un fin en sí mismos, y, desde el mismo momento que contradigan las reglas, se cae en la anarquía. Por el contrario, la civilización exige el cumplimiento de la ley. Para la sociedad el imperio de la ley es como engrasar las partes del sistema para que funcionen bien, y de manera sincronizada. El tigueraje, por el contrario, tranca el juego, y pone las partes las unas contra las otras. Esto explica el malestar social que nos aqueja. Hay más accidentes, no por falta de vías, sino por falta de cumplimiento de las reglas de tránsito. Hay corrupción porque no se cumplen los protocolos establecidos. Hay epidemias porque no se cumplen las leyes sanitarias. Impunidad implica que no se cumple el código procesal penal. La reelección, cuando implica modificar la constitución, viola el pacto fundamental. Lo anterior permite decir que la inseguridad ciudadana no es solo un problema policial, sino incapacidad de las autoridades en imponer el imperio de la ley.
Imperio de la ley es cumplir las reglas de tránsito, pagar los impuestos, y ser puntual en los compromisos, pues si prometo llegar a una hora, y no hago lo necesario para cumplir, significa no cumplir la palabra empeñada. Imperio de la ley es la primera diferencia entre los países que despegan y los países estancados. Dondequiera que hay desarrollo, hay puntualidad, seguridad en las calles, y transparencia desde el gobierno. Esto significa que el tigueraje es nuestro problema político fundamental, pues impera en el tránsito como en el palacio presidencial.

La experiencia de las sociedades que han despegado en la historia de la humanidad confirma tres pautas necesarias para sustituir el tigueraje por el imperio de la ley,y así empujar el país hacia el desarrollo. En primer lugar se requiere ejemplo de las autoridades en cumplir las leyes; en segundo lugar, estímulo a los ciudadanos que cumplen, y, en tercer lugar, escarmiento irrestricto a los violadores, ¡aunque sean de mi propia familia, o de mi partido!

Esa es la manera como se construye ciudadanía responsable, motor principal del desarrollo y el despegue de la sociedad.