¿TLC o colapso?

Los presidentes de la República Dominicana y los países de Centroamérica visitaron recientemente los Estados Unidos para reunirse con el Presidente George Bush y promover la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) por parte del Congreso de aquella nación.

Estas gestiones y cabildeos tienen su justificación en el interés que tienen los presidentes, y especialmente Bush, por vencer la resistencia a la aprobación de ese tratado que han estado oponiendo influyentes sindicatos, congresistas y productores estadounidenses, que anticipan que esta pauta de intercambio abierto amenazaría la estabilidad de algunos grupos laborales, empresariales y de producción.

Pero estos cabildeos y diligencias han incluido un elemento que, en vez de procurar solidaridad por convicción de que el TLC sería realmente provechoso para la República Dominicana, está planteando la necesidad de su aprobación como un asunto de vida o muerte.

Es decir, que la aprobación del tratado evitaría que colapse la economía dominicana o, dicho de otro modo, que sin el TLC sufriríamos una especie de muerte económica.

-II-

Lo primero que se debe considerar para juzgar la conveniencia o inconveniencia de un tratado como este es la bilateralidad de las condiciones de intercambio, es decir, si las facilidades y restricciones tienen el mismo valor entre todos los interlocutores.

Si consideramos que para los fines del tratado son violatorios los subsidios a los productores dominicanos y centroamericanos, pero no así para los estadounidenses, tendremos que la bilateralidad acusa un desequilibrio muy pronunciado, en perjuicio, claro está, de los países pequeños.

El hecho de que nuestros productores estén sometidos a altos costos, debido entre otras cosas a las cargas fiscales sobre insumos, materias primas y equipos importados, plantea uno de los elementos de desventaja en el intercambio.

–III–

Nuestros planteamientos no son una oposición al TLC, sino una reflexión que pretende que no demos por acabadas nuestras alternativas para sobrevivir como nación. Plantear que la firma de este tratado es de vida o muerte para la economía nacional podría significar una sobredimensión de nuestras limitaciones y capacidad para expandir los blancos de nuestras ofertas en  materia de exportación.

Hace algún tiempo, nuestras exportaciones de ciertos renglones agrícolas se enfrentaban a serios obstáculos en los mercados europeos. Una de las objeciones estaba basada en que nuestros productos estaban contaminados con pesticidas y otros agroquímicos, rechazados en mercados europeos.

Hoy por hoy, somos un suplidor importante de productos orgánicos hacia esos mercados.

Es cierto que los nuevos esquemas de intercambio nos excluirían del importante mercado estadounidense si nos quedásemos fuera del TLC, pero es una exageración plantear que eso podría significar el colapso de nuestra economía.

Vayamos al TLC y defendamos su aprobación por parte del Congreso de los Estados Unidos, pero no basemos ese esfuerzo en un argumento intimidatorio y derrotista.