Todavía hay tiempo, pero no de sobra

FERNANDO I. FERRÁN
El Informe Nacional del PNUD sobre el relativo no desarrollo humano de los dominicanos asusta por diversas razones. Estremece, en efecto, que un grupo de científicos sociales dominicanos diga, apertrechado en estadísticas fiables y un análisis riguroso, lo que todos sospechábamos: el modelo de desarrollo dominicano ha entrado en crisis en la medida en que sigue perdiendo mercados y competitividad sistémica.

Al mismo tiempo, acongoja constatar que el pujante crecimiento económico dominicano del pasado no ha redundado equitativamente en bienestar ni en calidad de vida de la población en general.

Alarma, además, leer cómo la espada del clientelismo y de los arreglos de aposento pende y tranza continuamente el mundo político dominicano, lo cual augura un horizonte de inestabilidad si no de rompimiento del orden institucional.

Espanta reconocer que culturalmente valoramos y simulamos ser lo que no fuimos ni seremos, debido al influjo omnipresente del modo de vida estadounidense.

Y por fin, y lo admito con cierta sorpresa, encrespa escuchar el discreto ‘mea culpa’ de contados políticos, aparentemente más críticos que algunos miembros del empresariado, ante el enjuiciamiento que hace el estudio del PNUD de las clases depredadoras de la riqueza nacional.

Asustados o no, me parece obvia la principal conclusión del Informe Nacional de Desarrollo Humano, República Dominicana 2005: el problema dominicano “no es la falta de financiamiento y de recursos económicos, sino la falta de compromiso del liderazgo nacional y la ausencia de un pacto social, de participación, de solidaridad y de empoderamiento de los sectores mayoritarios de la sociedad dominicana”.

Claro está, que lo anterior salte a la vista no significa que sea igualmente reconocido. Por eso el documento del PNUD es indispensable para que, con base en las discusiones serenas que debe suscitar, se estructure un proyecto de nación en el que participen todos los sectores sociales, económicos, políticos, comunitarios y culturales, poniendo el progreso de la nación como punto prioritario y dejando de lado los intereses particulares.

Con ese propósito de concertación en mientes, cabe reiterar a modo de prólogo que existe un profundo malestar en la sociedad dominicana.

La actual crisis nacional es el precio a pagar por el éxito económico del pasado y la precariedad institucional del presente. Y por ello somos testigos del enfrentamiento velado de dos visiones opuestas: una basada en la economía, que enarbola indiscutibles logros en términos de inflación, cotización del dólar y estabilidad macroeconómica; otra fundamentada en lo social, y por eso no puede hacer más que seguir a la espera de una política modernizante que sea coherente, es decir, avalada por un gasto social sostenido en términos de logros en educación, salud, empleo, seguridad y participación ciudadana, autonomía de la mujer, agua potable, hacinamiento y medio ambiente.

A pesar de dicha contraposición, ésta no es la medida del futuro dominicano. Todavía hay tiempo, aunque no de sobra, para sobreponernos al susto, eliminar el malestar y elaborar decididamente una estrategia de inserción más equitativa a nivel internacional.

El punto de partida podrá ser admitir que sin crecimiento económico no hay desarrollo sostenible. Mas, en momentos en que el país requiere reformas estructurales importantes, la sociedad como un bloque tiene que organizarse y reclamar que, con ella incluida, los poderes reconocidos y los poderes fácticos aporten en la proporción que les corresponde a mejorar la generación de riquezas, la distribución del ingreso y la institucionalización del país; igualmente, a incrementar la inversión social y garantizar el combate a la pobreza, a la corrupción y a la impunidad.

Como demuestra la mera existencia del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, aún contamos con una inquebrantable dosis de esperanza en lo dominicano y sus manifestaciones. Para reivindicarla es necesaria y suficiente la concertación de un proyecto de nación gracias a la colaboración decidida de todos los que hoy día son movilizados por la falta de futuro de nuestro actual modelo económico y la insobornable ética de solidaridad con quienes sufren el desamparo de la pobreza y de la exclusión. fferran1@yahoo.com