Todos, absolutamente todos

Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Organizada la Liga de la Bahía, año 1953-54, se crearon dos equipos: Tucán y Bárbaros, Barahona, se inició el torneo y cada uno quería ser coronado campeón. Se jugaba, se pujaba, se disputaba en buena lid. En esos campeonatos internos no había compra encubierta o descubierta de jugadores. Sólo deportistas que buscaban ganar, alzarse con la victoria.

Todos los domingos nos preparábamos, nos uniformábamos y al pley, a jugar pelota. Respetábamos las reglas de juego. Elogiábamos el desempeño los jugadores y del equipo contrario. Todo se desarrollaba entre gente que sabía que hoy, mañana y después sería necesaria para conformar el equipo que enfrentaría los reales rivales: los ganadores de cada provincia que participaba en el campeonato regional del sur oeste.

Sabíamos que desde el cargabates, el que marcaba el pley, el que sabía forrar las pelotas viejas con esparadrapo, todos absolutamente éramos útiles.

Era cuestión de convicción. A nadie se le metía el pie para que rodara por el suelo. A ninguno se le pichaba adentro como para darle un bolazo, no. Todos sabíamos que todos íbamos a ser más que útiles, necesarios.

Se jugaba en buena lid para representar el equipo que se enfrentaría a los ganadores de las otras provincias de la región. Por ello nos esforzábamos cada día y entrenábamos para estar en nuestra mejor forma para cuando cantaran: !pley bol! En el inicio del campeonato regional. Para eso nos preparábamos con esmero, con dedicación, con la vista puesta en el triunfo, por encima de las rivalidades momentáneas que nos dividían en Tucán y Bárbaros.

No estábamos perdidos. Sabíamos que era cuestión de que seleccionáramos los mejores para enfrentar a los rivales, en una contienda en la cual la jugada tenía que llevarse a cabo con un irrestricto apego a las reglas de juego que habían sido establecidas previamente y que todos conocíamos.

Sabíamos que respetar las reglas es fundamental porque en los estadios deportivos, como en la política, cuando se rompen las reglas se inicia el desorden que terminará en una pelotera que nadie sabe cuándo ni cómo terminará.

Aquel campeonato nos enseñó mucho. Aprendimos que la paz es el respeto al derecho ajeno, aunque no conocíamos la celebérrima frase del indio Benito Juárez.

Nos preparamos bien. Entrenábamos todos los días. Todos los jugadores conocíamos cuál posición desempeñábamos mejor. Nuestra disposición era la de mente positiva para ganar sin trampas, sin imposiciones, sin traiciones.

Así nos preparamos hoy en el Partido Revolucionario Moderno para ganar las elecciones del 2016, sin compra de votos de delegados, sin cambiachaquetas que se vendan por tres centavos. Porque aunque algunos tontos no lo crean, todos somos necesarios. Sólo sumando los votos de los seguidores de Luis Abinader ganará Hipólito Mejía las elecciones del 2016.