Todos debemos ahorrar el agua

La gravedad de la crisis de agua, no solo a nivel nacional sino a nivel mundial, es poco comprendida por quienes en el confort de las grandes ciudades, cuentan permanentemente con el preciado líquido para uso cotidiano en sus hogares.
Lavan sus automóviles, riegan sus matas y llenan sus piscinas y jacuzzis mientras los barrios marginados sufren carencias tan extremas que al levantarse sus habitantes no encuentran, en ocasiones, ni con qué lavarse los dientes.
Todos los ciudadanos, especialmente los miembros de las clases alta y media, debemos ser austeros con el uso del agua para contribuir a que un problema que, hasta ahora, solo afecta a los estratos más pobres de la población, nos alcance a todos por igual.
Por esa razón y por motivos elementales de solidaridad, debemos pensar en que cada vaso de agua que desperdiciemos, hace falta a alguien que puede tener sed o que la puede necesitar para su aseo o preparar sus alimentos. Así de sencillo, aunque parezca exagerada la afirmación.
En mi entrega anterior critiqué la indiferencia con que el Gobierno ha enfrentado la situación de crisis que vive el país y aunque han caído algunos aguaceros, y varios funcionarios del área han ofrecido declaraciones públicas al respecto y adoptado determinadas medidas, todavía no es suficiente.
En la capital, Alejandro Montás y su equipo se esfuerzan en hacer su trabajo desde la CAASD, pero eso no resuelve porque se trata de un problema nacional que se refleja en la ciudad.
El Gobierno debe declarar un estado de emergencia con todas las acciones y medidas que correspondan para paliar la crisis que dramáticamente, afecta al país.