Todos  estaban en Copenhague…menos la Tierra

Hablábamos de optimismo prudente y era realista, debates, conciliábulos, adentro y grupos ambientalistas mantenidos afuera y maltratados: COP 15  fue un fracaso, no exhibe ningún acuerdo ya que las 192 naciones presentes conocieron un texto sin aprobarlo; no hay hubo compromiso, ningún objetivo preciso en la lucha contra el calentamiento climático, ni para el 2050 y menos para el 2020. EE.UU presentó un seudo-acuerdo a Europa previamente negociado con China, India y Brasil, que dista mucho de lo que se esperaba del Presidente Obama, que llegó manos atadas a cambio de su reforma de salud.

Qué hacer ahora? Impedir que ese fiasco se transforme en éxito para los climato-escépticos, los petroleros y los lobbistas, salvar México de otro fatal carnaval, obligar desde la sociedad civil mundial a la  responsabilidad social de las empresas, renovar los paradigmas de la ciencia económica, favorecer el desarrollo del consumo responsable y propiciar  la investigación y la innovación tecnológica, cambiar las modalidades de consumo, orientar los compromisos financieros hacia los países subdesarrollados, comenzando por África y los Estados insulares (AOSIS), como República Dominicana, a pesar de no haber sido formalizados. Se dio un “cheque en blanco” a los políticos que se transformaron en empresarios, como lo afirmó el Presidente Lula.

Estos fueron capaces de salvar los bancos de su quiebra y son incapaces de salvar el Planeta y los Estados insulares amenazados por la naturaleza. Es necesario un movimiento desde la sociedad civil mundial para obligar a los políticos obsesionados por su poder nacional, a trascender su visión del mundo hacia una supranacionalidad que les permita adoptar un derecho internacional sobre  medio ambiente, implicando controles y  rendición de cuentas sobre reducción de emisiones, con sanciones a partir de un Tribunal Internacional contra el delito ambiental y la no reducción de emisión de gases a efecto invernadero, deberá ser uno de ellos. El mundo, el planeta Tierra necesita una nueva gobernanza, la del siglo XXI, que implicara cambios culturales profundos, en el modo de producción, en el consumo y en nuestra responsabilidad individual. Mientras tanto, pensemos en México, finales 2010 donde todas las Naciones sean,  actoras reales.