Tomémosle la palabra

“Asumí un compromiso ante Dios todopoderoso, ante mi familia, ante mi país,  ante este Congreso, ante mi partido, ante los padres fundadores, ante Juan Bosch  y no los voy a traicionar. Por tanto en este caso de Odebrecht y cualquier otro caso, el Ministerio Público, el Procurador General de la República y la Justicia tienen plena potestad e independencia para investigar y actuar sin ningún tipo de contemplaciones. Confiamos que lleguen hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga”.  Palabras han habido, y justo las que estábamos esperando en este momento, cuando parece que el poder disolvente de la corrupción sin sanciones, la mas corrosiva  de todas, amenaza con destruir la poca confianza que le queda a los ciudadanos en el sistema, creando las condiciones, por vía de consecuencia, para que aquí pase cualquier cosa.  Sería entonces una necedad no tomarle la palabra al presidente Danilo Medina, quien acaba de demostrarnos que está consciente de lo que está en juego.  “No hay vacas sagradas”. “Caiga quien caiga”. “Hasta las últimas consecuencias”. Esas expresiones las hemos escuchado antes, tantas veces, y nunca acompañadas por   hechos, que nos hemos ganado el derecho a convencernos de que solo son palabras que, en labios de nuestros políticos,  se las lleva siempre el viento. Por eso hay que entender el escepticismo de quienes han puesto en duda  que realmente caerá quien tenga que caer en los casos de Odebrecht, Corde, el CEA,  la OISOE y cualquier etcétera que aparezca, pues están ejerciendo ese derecho. Personalmente creo  que hay que tomarle la palabra al presidente Medina, mas que nada porque tiene la mas  poderosa de las razones, además de matrimoniarse con la gloria,  para aprovechar la oportunidad histórica que ha sido puesta en sus manos para decapitar  la hidra de siete cabezas que llamamos corrupción: es  quien mas tiene que perder si no cumple.