Tonto de la colina

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RAMÓN TEJADA HOLGUÍN  
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En la canción “El Tonto de la Colina”, los Beatles nos hablan de un hombre al que nadie quiere conocer, que a nadie agrada, y ninguno escucha. Un ser humano que, tranquilo y sereno, mira el mundo dando vueltas,  le dicen tonto porque los ojos de su cabeza miran el ocaso del sol con placer.

Un fresco día, el Tonto de la Colina fijó su vista en República Dominicana, vio a un presidente buscando la reelección de su partido. En la cima de su colina, aislado, ubicado fuera de las pasiones políticas, trata de ver diversas aristas del tema.

La primera pregunta que se hace es de orden ético ¿un presidente puede involucrarse en campaña política y al mismo tiempo cumplir con su deber de presidente? Con la vista perdida en el proceso electoral, piensa que la pregunta no tiene respuesta simple y monosilábica, y se formula otra pregunta ética ¿que tan frágil es la línea que separa al ciudadano Leonel Fernández, como candidato, del doctor Leonel Fernández como presidente de la República Dominicana?

El de la Colina cena solo, come lo que la colina produce, pelando una naranja se hace una pregunta que nada tiene que ver con la ética ¿conviene al país la reelección?

El ciudadano presidente y los derecho políticos.

Todo ciudadano tiene derecho a tener preferencias políticas y trabajar a favor de ellas, el presidente es un ciudadano, luego tiene el derecho de participar en la campaña política  y presentar su candidatura, piensa el Tonto. A seguidas trata de ver el asunto desde otro punto de vista: El presidente, se supone, encarna los intereses colectivos del país, es el gobernante de todos los dominicanos y como tal debe mantenerse por encima de las luchas entre las diversas facciones políticas.

Hay pues que separar el ciudadano del presidente. No debe ser el presidente quien se involucre en la campaña, debe ser el ciudadano. Al Tonto no le importa que los presidentes de otros países se presenten o no a la reelección, él quiere pensar el problema desde el exclusivo mundo dominicano. Mundo en el cual el hilo que separa al ciudadano del presidente es tenue y difuso. La capacidad de desdoblamiento del ser humano es limitada. El de la Colina se percata de que el problema que le ocupa no debe ser visto en abstracto, por lo que se plantea el análisis de una actividad cualquiera y pone de ejemplo una cena para recolectar fondos.

Digamos que el doctor Fernández Reyna llama por teléfono a algunas personas para que asistan a una cena para recolectar fondos, una cena hipotética para asistir a la cual la contribución mínima sería de un millón de pesos, eso según las malas lenguas que dicen que la cena no fue hipotética. Cuando el presidente llame a las personas para invitarles, o si llaman sus asistentes y asistontos ¿deben decir que es Leonel Fernández el candidato o que es el presidente de la República? Quienes quieran asistir quizás tengan algunos asuntos pendientes de conversar con el presidente, quizás tengan alguna solicitud que hacerle, probablemente algún contratista del estado quiera, legítimamente, agradecer la confianza depositada en él o ella, asistiendo a la cena.

Quizás algunas personas no saben que quien convoca a la cena es el ciudadano candidato, y asisten a la cena por temor a algún tipo de represalia del presidente que corre a la reelección.

El Tonto ha leído las  Encuestas Nacionales de Cultura Política realizadas en el país, en las cuales se plantea que este es un país presidencialista. Aunque, para el de la Colina las cosas están cambiando, si bien el presidencialismo tiene mucho peso entre diversos sectores de la sociedad, parece perder fuerza. Entonces se pregunta ¿el hecho de que el presidente se involucre en política partidaria en su calidad de ciudadano no forma parte del proceso de democratización? Además, él no es culpable de que los que asisten a la cena lo hagan porque desean hablar con él, o porque quieran estar donde “el capitán los vea” o porque quieran agradecerle una contrata.

Una valoración ética complicada. El asunto, en términos de valoración ética, es complicado, piensa el de la Colina, y no es tan fácil como lo ven muchos analistas políticos y conductores de programas noticiosos. La verdad es que a nadie se le puede negar el derecho a la participación política.

Cuando el doctor Fernández expone sobre el desempeño de la economía dominicana en su período gubernamental, y establece lo que entiende son los logros y los desafíos que en el contexto de la globalización tiene el país, habla el presidente. Pero, cuando dice que para dar continuidad a sus logros, es necesario ser reelegido, habla el ciudadano.El doble rol se hace patente cuando sostiene que la economía en el país no solamente va bien, sino que va en la dirección correcta y  que las dificultades tienen que ver con la situación internacional.

Otro partido no sabría   manejar las dificultades internacionales, por lo tanto el 16 de de mayo, las urnas dirán que la política también va bien, y que el candidato que ha de emerger triunfante será el del Partido de la Liberación Dominicana.

La verdad es que no hay doble rol en el caso dominicano, es imposible separar al activista del presidente. Resulta evidente que el presidente corre a una reelección y cree que es la mejor opción.

O sea, el rol de presidente no puede ser separado del de ciudadano, y los derechos políticos de ninguna manera deben ser vulnerados, por lo que el Tonto llega a una primera conclusión: en el plano ético, el presidente tiene todo el derecho a involucrarse en la política partidaria, y de correr a la reelección. Pero, y vaya que hay pero, el problema es que se corre el riesgo de que el ciudadano use los recursos del estado para promover la reelección y eso no puede permitirse.