Transformación lenta

Francois Duvalier.

TEs una grata tarea mirar fotografías de la ciudad de Santo Domingo tomadas hace cuarenta o cincuenta años. Puede uno apreciar los cambios ocurridos en el diseño de los automóviles, en el aspecto de las fachadas de las casas, en la indumentaria de hombres y mujeres. Sin duda, transformaciones importantes de la vida colectiva han tenido lugar. Los hombres de hoy no llevan sombrero, las mujeres usan faldas más cortas, el chaleco ha desaparecido. Los peinados de la damas no son los mismos; los zapatos y bolsos son diferentes. Ha variado la manera de vestir de los habitantes de Santo Domingo. También sus hábitos y “actitudes mentales”. Los cambios son “por dentro y por fuera”.

Pero dichos cambios son tan lentos que no podemos apreciarlos en el curso de una semana o de un solo año. Cosas que antes producían escándalo, ahora son recibidas con indiferencia por la mayoría de las personas. Las costumbres sexuales han experimentado grandes mutaciones; aunque los impulsos sexuales sean los mismos de siempre, su “expresión social” se ha modificado radicalmente. Las costumbres políticas también cambian. Ya no están de moda “las guerras intestinas”, que caracterizaron la sociedad dominicana del pasado. A nadie se le ocurre hacer “un pronunciamiento” y alzarse en armas en una provincia. Las luchas caudillistas armadas no existen.

Algo parecido pasa con los dictadores tradicionales de América Latina. Anastasio Somoza, Rafael Trujillo, Francois Duvalier, Alfredo Stroessner, parecen figuras arqueológicas de “museos políticos virtuales”. Esas personas omnipotentes despiertan interés literario; sobre ellos se difunden “sabrosas” anécdotas sobre su estilo de vida. Pero ningún político “del sistema” se anima a imitar esos modelos de gobernantes “unipersonales”. Los modos de dominación política son otros. Persuasión y coerción, en partes iguales, campañas publicitarias “de imagen”, son algunos procedimientos nuevos.

Nada impide que esta “evolución” continúe y alcance -al fin- la mentalidad de los propios líderes políticos y dirigentes de los partidos, que tanto “dejan que desear”, en la RD y en medio mundo. Las quejas contra la conducta de los políticos constituyen un lamento general. ¿Llegará el momento ese que los políticos de la actualidad parezcan viejos automóviles de la época que precedió a la Segunda Guerra Mundial? Ojalá sea así.