Transportar ideas en autobús

Transportar ideas en autobús

POR FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
¿Qué te pasa, Ladislao? ¿Por qué aprietas la boca de ese modo? ¡Por Dios, se te han aguado los ojos! – Es que al ver esas guarniciones militares, antes y después de cada pequeña ciudad, he recordado a mis estudiantes de Budapest, a algunos militantes del partido que fueron mis compañeros.

Todos ellos sufrieron a causa de sus ideas y de su ingenuidad. Eran personas muy buenas y muy inteligentes a las que la policía maltrató de mala manera. – ¿Se dejaron coger de la policía? ¿Desafiaron al gobierno? Entonces tus amigos no eran tan inteligentes. El gobierno es todo poderoso; tiene las armas, los empleos, los periódicos; nadie puede hacer nada contra el gobierno. Lo inteligente es trabajar dentro del gobierno, con los del gobierno, usando el lenguaje del gobierno y el estilo del gobierno. Eso lo aprendí con mi tío. Él me consiguió el empleo que tengo y él logro sacar de Cuba a la prima mía que vive en Miami. Dice siempre: es mejor vivir de la comedia que poner una bomba en el teatro. – Lidia, la gente en la que estaba pensando hace un momento jamás intentó poner bombas en ninguna parte. – Seguramente se soltaron mucho de la lengua y les pararon el coche.

– No hables así; tu no conoces los problemas de la gente de Hungría, de Checoeslovaquia. – Me has dicho varias veces que el gobierno húngaro era fuerte, que había demasiados reglamentos, que los dirigentes del Partido disfrutaban de privilegios irritantes. ¿Hay algún lugar donde no sea así? En todos los países unos están abajo y otros arriba. ¿Quién arregla eso? Hay que vivir con eso; y yo digo que es bueno vivir a pesar de eso. – Ellos solamente opinaban sobre ciertos asuntos públicos y en relación con los planes de educación. Sin cometer delitos fueron a parar a la cárcel. Eran, en algunos casos, parte del gobierno y constructores de la revolución. Te pondré el ejemplo de un célebre revolucionario de un país vecino; no se trata de un amigo al que yo tenga cariño y vea con simpatía; es un montenegrino que nació en 1911 y no puede por ello ser nuestro compañero: Milovan Djilas. El se preocupó por nuestro país. Protestó por la intervención soviética en Hungría, en 1956. Había roto ya con la Unión Soviética en 1948, en defensa de la independencia de Yugoeslavia. Este hombre pasó tres años preso en las cárceles de la monarquía, peleó contra los nazis, hizo la guerra con el mariscal Tito. Pues bien, el régimen que él contribuyó a crear le condenó a cinco años de cárcel y lo encerró en la misma celda donde le confinó la monarquía. Durante el tiempo que estuvo en prisión Djilas escribió un libro titulado: Conversaciones con Stalin, y lo envió a un editor norteamericano. Entonces el gobierno añadió cinco años más a la sentencia anterior. Nunca volvió a publicar un libro en su propio país.

– Creo que se fue de la lengua. Ese hombre hizo críticas de boca y por escrito; o sea, de la peor manera. Los boxeadores cubanos brincan continuamente de un lado a otro y, además, “juegan a la cabeza”. Evitan así ser golpeados donde más duele. – Él fue quien descubrió que “la propiedad socialista” es en verdad “la apropiación colectiva de los medios de producción por los dirigentes del partido”. También explicó que las nacionalizaciones garantizan “la base material al poder de los burócratas”. Burócratas del ejército, burócratas del partido, burócratas de la industria, distribuyen favores, a fin de incrementar su autoridad. Los criminales ordinarios, que fueron compañeros de Djilas, conseguían papel para que el preso que no era criminal pudiera escribir.

– Lo que el yugoeslavo quería decirnos a todos: húngaros, checos, búlgaros, estaba prohibido pensarlo: “El poder del Partido Comunista descansa en la enajenación de la propiedad”. Los rusos descubrieron recientemente que no podían “resolver los problemas porque no tenían derecho a nombrarlos”. Para resolver una cosa cualquiera es necesario primero pensarla, decirla y discutirla. Tuvieron en esto la ayuda de Djilas. En Rusia las instituciones han sido siempre totalitarias, lo mismo en la justicia que en la economía, en lo tocante a la propiedad o a la constitución; desde los tiempos de Pedro el Grande hasta Gorbachov.

– Lidia, lo fundamental es hablar, poder hablar. Si no habláramos nos sentiríamos prisioneros en este autobús que, con aparente libertad, rueda por una carretera vigilada, con un itinerario previsto. Djilas insistía en que las ideas son realidades sin las cuales no es posible vivir. Afirmaba que las ideas “dirigen al mundo aun cuando sean falsas”. Entendía que los países comunistas estaban regidos por “burocracias feudales”. Es probable que los cambios sociales ocurran – en Cuba o en Hungría – por obra de la voluntad de personas tenaces, empecinadas, movidas por ideas. Que las ideas sean falsas o verdaderas es asunto de menor importancia. Camino de Camagüey, Cuba, 1993.

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