Tras La Victoria, una gran derrota

Tras La Victoria, una gran derrota

Más de cinco mil millones de pesos destinados a sustituir un hábitat de inhumana privación de libertad, con individuos encerrados en celdas sobrepobladas bajo el nombre de cárcel de La Victoria, han pasado a aparecer como un gigantesco fracaso de inversión del dinero de los contribuyentes. Un complejo de edificaciones que, tras la teatralidad pretensiosa de que se trataba de una obra lista para funcionar en una zona del municipio de Guerra, pasó a manos de autoridades entrantes que han visto en lo construido un desastroso resultado de la falta de planificación, transparencia y racionalidad que se niegan a utilizar sin que antes sea parcialmente destruido para reedificarla.

No resulta apropiado para rehabilitar en aislamiento temporal a ciudadanos condenados o en espera de juicio, sin que la condición subjúdice les degrade como seres humanos y sin exponerlos a un pandillerismo carcelario extorsionador, donde puedan aprender oficios y recibir terapias ocupacionales en sitios de reclusión aptos para labores remuneradas.

Cayó en falso lo que debió ser un gran paso hacia la gradual desaparición de penales que resultan almacenes de reos semidesnudos y ultrajables, en los que circulan armas de fuego y filosas, celulares para delinquir electrónicamente y consumo de drogas. Réquiem para la Nueva Victoria. La vieja sobrevive con poca certificación de ley que avale la forma empleada para sustituirla.

El lado oculto de un magnicidio

La toma por un asalto relámpago de su hogar para asesinar al presidente haitiano Jovenel Moïse ha dado pie a relatos inconsistentes y demoras en esclarecerla. La presencia de exmilitares colombianos en el lugar de los hechos está ambiguamente contada.

Unos los señalan como matadores. Otros, como contratados para proteger al mandatario porque se le había llenado el horizonte de enemigos de su propia nacionalidad y veía su vida amenazada.

Es imprescindible un acompañamiento internacional a la investigación en un país casi sin Gobierno, de extremas rivalidades políticas y confusión de investiduras, siendo todavía un misterio el rol que en el magnicidio jugaron 22 policías locales que, según versiones oficiales, protegían a Moïse .

Y son los propios investigadores haitianos los que callan y andan por las ramas al indagar.