Traslado de maestros afecta escolares

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Con un techo de zinc agujereado y a punto de colapsar, un grupo de maestros voluntarios y un conflicto que no parece tener fin, los estudiantes de la Escuela Parroquial Paz y Bien han sido los grandes afectados del traslado de un grupo de profesores que daba clases en ese centro.

Los maestros del centro, ubicado en la calle 8 de Capotillo, fueron enviados a la Escuela Básica La Aurora el 15 de septiembre del 2003, dejando a la escuela sin personal docente. Tres de los educadores, sin embargo, han desacatado el traslado, razón por la que les retienen sus cheques y no han cobrado desde entonces.

Tildando el asunto de político, el director del centro, reverendo Osvaldo Sánchez, afirmó que todo es producto de los intereses de quienes luchan por obstruir el camino que él realiza en beneficio de la comunidad de Capotillo.

Producto de esos intereses, él reverendo fue jubilado y el personal de apoyo del centro educativo fue cancelado, según expresó la subdirectora del plantel, Yaquelín Hernández, quien se quejó de que han intentado comunicarse con la vicepresidenta y secretaria de Educación, Milagros Ortiz Bosch, para hablar sobre el problema. “Ese no es el trato que se merece alguien que ha dado su vida por la comunidad. Nosotros quisiéramos al menos poder hablar con la vicepresidenta y explicarle qué pasa”.

Por otro lado Hernández sostuvo que hay personas que acabar con la escuela argumentando que no tienen estudiantes. “Aquí tenemos dos mil cien alumnos repartidos en dos tandas. Hay quienes dicen que no hay alumnos pero no es cierto. Nos quieren quitar a los estudiantes pero los padres se oponen a eso”.

Muchos padres, a juicio de Hernández, nunca mandarán a sus hijos a la escuela de La Aurora. “Ellos prefieren que no vayan a la escuela. Ese es un barrio demasiado peligroso. Nosotros, además, ofrecemos una educación de mucha calidad; por aquí somos los únicos que damos el horario completo. Parece que es un pecado hacer las cosas bien”.

[b]UNA LAMENTABLE SITUACION[/b]

Quien entra al salón principal de la Escuela Parroquial Paz y Bien puede quedar petrificado: en medio de un proceso de reconstrucción paralizado, tan sólo hay cuatro paredes levantadas; el techo, de zinc, está al punto de caer.

Las varillas desnudas, esperando el cemento, hablan de una intención que quedó a medio camino. “Las diez columnas ya están tiradas, solamente nos está faltando el cemento y no aparece una mano caritativa que se desprenda y colabore con esta institución que es la primera iglesia y la primera escuela de este sector. Este centro tiene 42 años”, expresó Hernández.

Dicho esto, Hernández sostuvo que han tomado préstamos a la Cooperativa de Maestros para poder comenzar los trabajos de reparación.

En torno a la situación de los maestros trasladados, Hernández indicó que ella tiene cubrir las faltas de los maestros voluntarios. “Los voluntarios están a la espera del nombramiento y a veces no pueden venir, por lo que yo tengo que estarme repartiendo en mil. La Secretaría nombró a una comisión y ellos dijeron que nombrarían a los maestros sino es el reverendo el que dirige la obra”, se lamentó.

Tras oír sus palabras, era el momento de ver las demás instalaciones de la escuela: están, igual que siempre, deterioradas y olvidadas. En ellas, sin quejarse, los alumnos ríen y esperan que llegue el día en que autoridades y directores se pongan de acuerdo para que puedan tener maestros que realmente se dediquen a darles una educación de calidad.