Tratar de no exagerar

federico

La noticia de la semana ha sido un informe demográfico: ya somos 10 millones de habitantes. Los dominicanos tenemos una alta tasa de natalidad; y además, hemos mejorado la de mortalidad; la resultante es una elevada tasa de crecimiento poblacional. Lo que no ha crecido es el territorio, esto es, los 48,000 kilómetros cuadrados que componen nuestro país. El país vecino, la República de Haití, tiene otros diez millones de habitantes. Hemos igualado su población porque las condiciones económicas y sanitarias de Haití son tan precarias, que la tasa de mortalidad está muy por encima de la nuestra. Pero los haitianos emigran, masivamente, a la República Dominicana.

En Haití los bosques han sido depredados durante siglos; y digo siglos en sentido estricto y no figurado. Junto a uno de los viejos bornes de “la línea fronteriza” del tratado de Aranjuez, está el lugar llamado “Bois Tombé”, o sea, bosque talado o tumbado. Ese tratado se firmó en 1777. La población pobre de Haití cortó los árboles de su tierra para hacer carbón de leña. No pueden cocinar con gas, ni electricidad. La deforestación espantosa del territorio haitiano empuja sus habitantes a talar los árboles del suelo dominicano. Es famoso el reportaje filmado que hizo el oceanógrafo francés Jacques Cousteau para mostrar la desaparición de la capa vegetal en Haití.
La densidad de la población en la isla Española debe preocupar a sociólogos, ambientalistas, politólogos; y lo mismo la deforestación creciente. Desde luego, también a los expertos de los organismos internacionales. Pero debe interesar, sobre todo, a los dominicanos que quieran seguir viviendo en la tierra de Compadre Pedro Juan. Cualquier zona del mundo puede hacerse “invivible”, sea por razones ecológicas, motivos sociales o económicos. Obviamente, podrían concurrir las tres cosas.
La agresividad que los funcionarios haitianos han “exhibido” en los últimos tiempos, hace más difícil de abordar unos problemas, peliagudos por sí, como son los demográficos y forestales. No hablemos de los desafíos económicos, políticos, de convivencia intercultural. Líderes dominicanos: políticos, empresariales, académicos, sindicales y de comunicación, tendrán que “emplearse a fondo” para afrontar esta conflictiva situación. Afrontarla para evitar que degenere en guerra civil, en desorden colectivo, en intervención militar multinacional. ¿Son tres exageraciones? (2015).