Tres años excepcionales

Al finalizar el 2001, el asesor económico del Poder Ejecutivo, Andy Dauhajre, escribió un artículo titulado: Un año excepcional. En efecto, en el 2001 la economía creció 2.7% con inflación de 4.38%. El déficit en cuenta corriente, 3.98%, reflejaba signos positivos aunque mostraba una significativa caída de las exportaciones (7%).

La política de acumulación de reservas del BC disminuyo la tasa de interés preferencial a 16.85%. Las mini-devaluaciones incrementaban la competitividad de nuestros sectores externos. Se le impuso a la nación un paquetazo fiscal. “Los cuartos de Calderón” estaban asegurados.

Las autoridades monetarias señalaban, en su informe 2001, que nuestro crecimiento era “mas de 5 veces el promedio de América Latina”, aunque precisaban que había sido fruto “de los bonos soberanos y de prestamos externos”. De igual manera, mientras el sector gobierno doblaba su crecimiento, 8.8% con 29,268 nuevos empleados, los sectores económicamente significativos de la construcción y el comercio, se estancaban con crecimientos de 0.9% y 0.3%, respectivamente.

Pero esto era paja para la garza. El incremento del gasto publico, con el remanente de los bonos soberanos, permitió un crecimiento preelectoral de un 7.6%. El gasto gubernamental, con 8,433 empleados adicionales permitio un crecimiento en el 2002 de 4.1% y una inflación de 10.51%. Resaltando que los sectores económicamente sensitivos continuaban languideciendo mientras el parasitismo y el populismo gubernamental inflaban el producto. Por ejemplo, la agricultura, de un crecimiento de 8.8% en el 2001, paso de lo sublime a lo ridículo al caer estrepitosamente a menos 2.2%. Ya el daño estaba hecho. La economía estaba postrada.

Por demás, dos signos ominosos se dimensionaron en el 2002. Al igual que el año previo, el gasto gubernamental seguía creciendo más rápido que los ingresos. Mientras los ingresos crecían a una tasa de 11%, los gastos lo hacían a un 24%. El endeudamiento oficial suplió esta deficiencia. La deuda del gobierno con la banca comercial pasó de RD$6,825 MM en el 2000 a RD$14,420 MM al cerrar el 2002. Rumores de crisis financiera, obligaron a las autoridades a recortar el encaje legal a 15% y a congelar el remanente de US$115 millones de los primeros bonos.

El 2003 nos recibió con otros US$600 millones de bonos soberanos; esta vez dizque para reestructura la deuda de corto plazo. Eufemismo que permitió utilizar el impuesto de los combustibles para gasto y consumo gubernamental, se prolongo la francachela.

Pero como toda obra maestra requiere del pincelazo de la genialidad. En el 2003 nos dieron no uno sino dos: Baninter y las Edes. Ya para enero 2003, los adelantos y redescuentos otorgados por el BC a la banca comercial ascendían a RD$6,583 millones. Diez veces más que todos los adelantos otorgados hasta el 2000 (RD$674.4 millones).

Además, en Baninter se incurrieron en dos graves violaciones al Código Monetario: i) otorgamiento de adelantos superiores a 1.5 veces el capital; y, ii) reconocimiento de inversiones superiores a RD$500 mil. Así, el torrente de inorgánicos de salvataje supero el presupuesto nacional, al cerrar el año con RD$105,378 millones de financiamiento interno del Banco Central. Esto ha generado un déficit cuasi fiscal superior a los RD$21 mil millones que lanzó el tipo de cambio a niveles superiores al 47 por uno.

Ante el inminente colapso, se buscó el apoyo del Fondo Monetario. Por primera vez en más de una década se firmo un Stand-by con el FMI. Se logro una línea de auxilio de US$1,200 millones. El peso dominicano recuperó el color. Hubo transacciones de compra de divisas a RD$31.50. La ortodoxia estaba dando resultados.

Entonces vino el segundo brochazo gubernamental: la compra de las acciones de Unión Fenosa por US$348.7 millones. Cifra que el Fondo Monetario no sabe como la calcularon y que al New York Times le resulta “sospechosamente elevada”.

Así cerramos excepcionalmente el 2003: i) PIB de menos 3%; ii) Inflación de 42.6%; iii) tipo de interés de 40%; iv) deuda oficial con la banca local de RD$18,252 millones; v) endeudamiento externo de US$7,564 millones; vi) impuestos del 2% a las importaciones, 5% a las exportaciones y un selectivo de 30% a 75 productos. Y como regalo navideño: dos mercados de divisas. En uno a 35, pero no aparecía. En el otro, el dólar se conseguía con no menos de 45 pesos. Al final quedamos convertidos en parias financieros; degradados como destino de inversiones de BB+ a CC. Con los bonos soberanos catalogados como basura (Andy’s Junk Bond).

La historia no se escribe como empieza sino como termina. No fue un año, sino tres. Hemos retrocedido a la década de los ochenta. Ahora somos más pobres. Nuestro ingreso per cápita ha caído de US$2,500 a US$1,800. ¡Destruir una economía en tres años y medio! Una hazaña extraordinariamente excepcional.