Triángulo telefónico

–Partenio, es Lolona; te llamo porque acaba de irse de mi casa un hombre llamado Tizol; trabaja en la compañía que brega con lo de la vivienda para mí. Me ha dicho que pueden conseguirme otra propiedad mejor, con un solar más grande en otra urbanización, creo que en Altos de Las Rocas. También dijo que su jefe está dispuesto a hacer el negocio si lo aprueba “la persona” que inició las conversaciones con la empresa. –Ya tu ves; todo lo que te dije antes se está cumpliendo; lo que pasa es que las cosas no son tan rápidas como uno lo desea.

–Partenio, quiero que hables con “el hombre” y le digas que a mi me gusta la proposición; pregúntale si él está de acuerdo para yo llamar al corredor de la inmobiliaria. –Él ha ido a ver una carretera; lo llamaré al medio día y después te daré noticias. –Parece que la compañía de casas ha sabido lo de la muerte del herrero que velaron en la iglesia. Quizás quieren apartarse de este barrio. –Lolona, “el hombre” recomendó a unos amigos nuestros, dueños de un almacén, que no ordenaran más trabajos por estos lados. Pero de la casa no me ha dicho nada.

Lolona cerró el teléfono, fue a la cocina y abrió el refrigerador; destapó una lata de cerveza y volvió a la sala. Entonces se echó sobre su poltrona de piel. –¿Será verdad todo esto? Salir de la calle Respaldo Colibrí a la verdadera calle Colibrí es un paso hacia delante; pero mudarse a Altos de Las Rocas es algo increíble. Me gustaría empezar una nueva vida en un barrio donde no me conozcan los vecinos. ¡Con este hombre me he sacado la lotería!

Lolona se quedó adormilada en su sillón. Tirada con la cabeza puesta en un brazo del mueble, sólo tenía puestos el “panty” y el sostén; la lata la había colocado en el piso. El sonido del teléfono la despertó. –Dime, Partenio. –No es Partenio; soy yo, Lolona; hablé con él. Acepta el trato. No iré a tu casa mañana. Te mandaré el chofer y nos juntaremos en otra parte; después comeremos donde sabes. Brazobán visitará la inmobiliaria.