Tribunal de la Historia Vs. Tribunal de Dios

Los hombres se han empeñado en demostrarse a sí mismos que Dios es una entidad quimérica, intentando así, decretar su autonomía o autarquía, ser dueños absolutos de su vida  y destino. Ese ha sido el plan para ser “libres”, al menos de Dios. Como decía un intelectual en una novela clásica moderna, luego de convencerse de la existencia de Dios, la cual anteriormente negaba: “Admitiré que tu existes siempre que no te metas conmigo”.

Otra estrategia ha sido la de crear mitos anti teístas, como el famoso “Tribunal de la Historia”, imaginando una entidad con existencia propia, y dándole status para juzgar a prohombres y personajes. Ese “tribunal” es concebido y tratado en los discursos como una especie de deidad colectiva, un consejo de dioses que habita en un lugar fuera del tiempo y del espacio. Este tribunal no condena al ser humano a martirio alguno, tan solo pronuncia un juicio de si hizo bien o mal, y la condena supuesta sería la opinión o el recuerdo de algunos  o muchos en futuras generaciones. Así, el veredicto no afecta real y efectivamente al sujeto, es decir, a nadie. Es una cómoda y conveniente especie de “qué dirán”, cuando ya yo no tenga ni siquiera la vergüenza o la molestia de escucharlo.

Ese mito supone una inmortalidad totalmente ficcional, como la que se le atribuye a héroes, artistas y personajes. No se trata de la verdadera y probada inmortalidad del alma humana, la cual, como sabemos, será objeto de un juicio ante el tribunal de Dios.

Recientemente escuché un personaje, en una entrevista periodística, decir que la Historia suele juzgar a los gobernantes, “unos a favor y otros en contra”. Esa forma de hablar de la Historia se refiere, no a un solo tribunal sino a varios o muchos. Relativiza el mito,  lo diluye en una pluralidad, por lo cual, decreta inexistente dicho tribunal. Esta versión, sin duda más científica que la mitológica, es relativista, pragmatista y nihilista.

Que les vaya bien, pues, con sus lucubraciones. Pero sepan que fuera de sus mentes y de la mía, más allá de toda intelección, está “el que fue, el que es y el que será. Cuenten con eso, les advierto. “Yo soy el que soy”, dice el Señor. (Éxodo, 3.14). Lo real y objetivo es Dios, lo otro es especulación y evasión, hipótesis rivales, teorías alternativas.