Tributación

POR FELIPE HERNANDEZ PAULUS
La administración local de Bonao está llevando a cabo un proceso de verificación de las declaraciones reportadas por los contribuyentes, para lo cual se realizan citaciones con las respectivas indicaciones de “inconsistencias”. La misma está ubicada en la Gobernación Provincial, en un espacio muy limitado, lo cual afecta evidentemente el trabajo.

El horario habitual es hasta las tres de la tarde, aunque el personal saliente sin premura abandona el trabajo y espera terminar lo que tiene en las manos. Se aprecia una espontánea integración de equipo por parte del personal.

La ausencia del administrador local no pone diferencia respecto a la atención con el contribuyente; todo marcha bien y el personal continúa su rutina de trabajo. Se aprecia un activismo entre ellos lo cual es más evidente por la falta de espacio, que impide la expansión vital en el trabajo. Una técnico servidora de la administración, la “segunda al bate”, es un eje central, como si fuera asistente o sub-agente, es la persona donde todo el mundo va a parar y a recibir respuesta para contribuyentes y el personal; existe una buena interacción de conjunto entre todo el personal; una hora y cuarenta y cinco minutos me fue suficiente para apreciar el contexto general.

La llegada a las tres de la tarde se extendió hasta las cuatro y cuarenta y cinco sin mayores novedades, resultando tiempo suficiente para formarme el presente juicio; y aún con poca gente, pocos abandonan sus escritorios; las cajas de cobros estaban hábiles para cobrar y unos cuantos consultaban entre sí; otros adelantaban tareas internas, como la generación de reportes de la computadora. La mejoría del espacio de seguro que mejorará la recaudación, dado el proceso de verificación que se está realizando.

EL ADMINISTRADOR LOCAL DE LA VEGA debe superarse, ser más proactivo y diligente con los contribuyentes, pues para todo depende de la administración central; todo tiene que ser consultado en la capital; consulta casos sin ser aquellos que salen de la rutina; en días pasados hubo que esperar más de dos horas para una respuesta por una multa a una zona franca, que de paso su condición la excluye de la misma; además de que la mayoría presenta la informativa aunque la gestión es poca.

Ahí está la ventaja de técnicos que dirigen si son técnicos de aplicación. Es probable que Impuestos Internos carezca de una evaluación del desempeño de agentes o administradores locales que carecen de experiencia de la aplicación, por lo que la imagen de la administración se detrae y baja de cara al contribuyente y la recaudación. En esos puestos son necesarios técnicos de aplicación.

La falta de técnicos de aplicación en esa posición es muy criticada por el personal subalterno y el de otras áreas; le cuentan los errores y guardan distancia con los contribuyentes, pues carecen de los conocimientos para dar respuestas.

El desconocimiento técnico de un administrador de impuesto inhibe ciertas acciones y como acción inmediata contra el contribuyente lo primero que hace es impedir los pagos en vez de aplicar la máxima de “actuar o cobrar e informar a la superioridad, pero jamás dejar de cobrar”, como ocurre con frecuencia con el Administrador de La Vega, quien está dejando de recaudar por procedimientos pendientes de resolver; craso error. Esas nimiedades restan tiempo al soberano que es el cliente o contribuyente y al funcionario de más categoría de la capital, a quien hay que llamar.

“Cualquier actuación que saque del librito” a algunos administradores locales, especialmente quienes no son técnicos de aplicación, se convierten en obstáculos al proceso. Ojalá que la reforma tributaria contemple que quien detiene un pago cuando el mismo está en vías de realizarse, pague los recargos.

Detener el pago de un contribuyente detiene el cumplimiento o impide el mismo, disponiendo un administrador a su cargo los mecanismos para facilitar, el pago; además, con ello viola la ley o auspicia tal situación, pues el plazo termina y se origina la multa y el recargo.

Viola su propio estatuto, ojalá que Impuestos Internos logre un mayor control de tal desempeño, evitando que se actúe contra la recaudación y auspicie el incumplimiento, lo que envía un mal mensaje a los contribuyentes y al personal subalterno, el cual ha estado bajo un alto nivel de servicio, armonía y trabajo en equipo. Ahora nadie sabe nada allá.

El administrador pasado mantuvo altos niveles de servicio y diligencia de cara a los contribuyentes, a lo que ayudó el equipo cuya disposición de trabajo es incuestionable, pues en varias oportunidades me correspondió visitar la misma.

Cualquier técnico puede contar con buena formación académica y profesional, pero si carece de los conocimientos y prácticas originados en el puesto anterior, por no haberlo ocupado, estará limitado y tendrá un desempeño disminuído y desventajoso frente a quienes cuentan con la experiencia práctica y el manejo con los contribuyentes. Por demás, su colocación en el puesto, que el escalafón reserva a otros, también podría afectar la moral de los demás que laboran en el mismo lugar, si estos son muy sensibles y están motivados para escalar y superar posiciones en la organización.

Entre el funcionario técnico de aplicación y aquel que carece de los conocimientos y experiencia, existe una diferencia abismal y fundamental; el primero plantea el problema y las posibles soluciones, tanto aquellas a cargo del contribuyente como las que competen a su administración o al órgano central; el segundo, sólo plantea problemas y ninguna solución a la vista, dejando de recaudar, obstaculizando al contribuyente y el proceso.

Racionalizar estos acontecimientos por escrito, como la presente, deja el aliciente de abrir el camino al conocimiento detallado de algunas de las debilidades en el desempeño del día a día de una organización en la que cada titular debe ser soporte y orientador del equipo.

Tal práctica es sufrida por su entorno laboral, quienes toman la vergüenza ajena así como los contribuyentes. En el caso actual, completa el comportamiento de otras ocasiones, en el cual ha habido reparos fútiles propios de la falta de cabeza visible carente de sentido de la orientación en el trabajo que realiza. Los afiches de la Administración Central que animan y orientan el trabajo contrastan con el trabajo y el servicio esperado. 
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