Tributo al Nobel de Santa Lucía

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MARIANNE DE TOLENTINO
Los caribeños pueden sentirse particularmente orgullosos, al contar 12 premios Nobel, en distintas disciplinas –ciencias, economía, paz, literatura- como lo muestra la impresionante galería de retratos, presentada en el Pabellón del Caribe.

La participación de Derek Walcott, que acaba de estremecer a México  con sus poemas y sus convicciones, es indudablemente el hecho mayor de esta XI Feria Internacional del Libro.

No solamente por que es actualmente el poeta más importante en la lengua inglesa: Derek Walcott puede considerarse como un talento excepcional. Su itinerario y capacidad creadora abarca el ensayo, el teatro, la música y la pintura. Le calificarían facilmente de “artista absoluto”.

Derek Walcott nació en Castries, capital de Santa Lucía, en 1930. Su padre, Warwick Walcott, británico, pintor de acuarelas y músico, falleció cuando él era muy joven. Su madre, Alix Walcott, una mujer de Santa Lucía con grandes cualidades, compositora, lectora incansable, profesora y directora de colegio, asumió la responsabilidad del hogar. Él realizó sus estudios superiores en Santa Lucía – en el St. Mary College- y luego en Jamaica, en la Universidad de West Indies.

Se estableció primero en Trinidad, donde, de 1959 a 1976, dirigió el  excelente Taller de Teatro, junto a su hermano gemelo Roderick. Cabe señalar que el teatro está entre sus pasiones, y que él ha escrito unas 30 piezas, siendo uno de los más importantes autores dramáticos del Caribe.

En el 1981 partió a Estados Unidos y se instaló en Boston. Ejerció la docencia universitaria en Harvard y en Boston –donde ha seguido enseñando y residió durante años-. Le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 1992.  Hoy  alterna su vida  entre Nueva York y Santa Lucía, y viaja mucho, solicitado en todas partes del mundo. En uno de sus poemas, reflexiona acerca de la fama como “un ansia de trabajo”.

 Ha escrito 15 libros de poesía. Uno es dedicado al famoso pintor impresionista francés Camille Pissarro, “El perro de Tiepolo” -“Pissaro’s hound”- con referencias autobiográficas. Además, Derek Walcott  pinta paisajes… Varios poemas se valoran entre los mejores del Caribe, así Omeros, El testamento de Arkansas, o La voz del crepúsculo.

 Los comentarios elogiosos que emanan de figuras ilustres, abundan; quisiéramos a ese respecto citar el testimonio de Cedric George, escritor, artista plástico de Santa Lucía –que ha expuesto en Santo Domingo-, amigo de los Walcott,  y considerando al poeta “el ícono cultural más querido del Caribe”:

“Robert Graves, un poeta inglés, pensó con un alto concepto de Derek. ‘Walcott maneja el inglés con una comprensión más cercana de su magia interior que la mayor parte de sus contemporáneos ingleses de nacimiento.

Derek Walcott en México

Walcott acaba de ser invitado al homenaje rendido a Octavio Paz  con motivo del décimo aniversario de su muerte. Ese tributo al Premio Nobel de México se convirtió en otro homenaje al pPremio Nobel de Santa Lucía.

El poeta estremeció, pues, al país, haciéndose un eco fervoroso la prensa mexicana, y fascinó al numeroso público del Museo Nacional de Arte con su “voz cavernosa y arquetípica”, “sonar de rocas que regresan a la tierra arrastrada por la marea”. ¡Los comentarios se volvieron metafóricos! Le calificaron como “cordial, inteligente, campechano, todo corazón” y de “una simpatía desarmante”.

Derek Walcott, acompañado por los escritores mexicanos David Huerta y José Luis Rivas,  leyó sus poemas -entre ellos, fragmentos de  su epopeya Omeros- y dialogó con el público. Su voz tronó, advirtiendo a los poetas del norte: “Debo decir que lo que está sucediendo en Estados Unidos es indignante, sus poetas están ignorando a la gente.