Trillando camino a la impunidad

Mucho de lo que ha ocurrido a partir del asesinato del periodista Blas Olivo da pie a la legítima sospecha de que algo más que una simple banda de asaltantes determinó la suerte de este comunicador y maneja a su discreción los hilos de la investigación. Una falsa guía del rompecabezas lleva a perseguir y capturar como supuestos autores a gente como José Miguel Rodríguez Almonte, alias Job, y Emmanuel Ramón Camacho Marte (Mayor), quienes murieron en supuestos intercambios de disparos con agentes policiales.

El rastro que han ido dejando los investigadores pone a la vista algún interés en fabricar silencios en torno a la muerte de Blas y, más que en cuanto al hecho como tal, a los intereses que habrían movido a sus autores materiales y eventuales intelectuales. Los inculpados Rodríguez Almonte y Camacho Marte fueron privados de la vida como medio de privarlos del habla, de la capacidad de confirmar o negar hechos y, por encima de eso, nombres y motivos.

Blas Olivo fue hallado muerto el 12 de abril de 2015. De ahí para acá, todo ha contribuido a hacer más densa la nebulosa que cubre las circunstancias y planificadores de su muerte. Lo fortuito -el asalto que se alega- se va haciendo cada vez menos creíble porque el esfuerzo de la investigación, hasta prueba en contrario, empuja más hacia la impunidad que hacia el esclarecimiento.

Familias sin  derecho a la paz

Quienes habitan el entorno de la avenida Venezuela, y quienes lo transitan, han tenido que soportar el descenso cualitativo del ambiente de la zona. El tipo de negocio que predomina en esa vía, de bullicio, bebidas alcohólicas y quién sabe cuántas otras cosas, ha aniquilado la tranquilidad y el orden que eran características notables de esa parte del municipio Santo Domingo Este. La Policía dizque “monta guardia” hasta el amanecer para tratar de controlar el caos de la avenida Venezuela.

El caso es que la prosperidad de los negocios de la Venezuela ha significado la ruina para muchos propietarios de las viviendas del vecindario, que han visto cómo han ido perdiendo valor sus inmuebles, en la medida en que la zona se va tornando inhabitable y estresante. El derecho a la paz no tiene defensores frente a cierto tipo de progreso.