Trípode
Los TIC, los niños y la  publicidad

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La era de la tecnología de la información, la digitalización y el entorno global si bien ha presentado formidables oportunidades y posibilidades de crecimiento y desarrollo personal para innumerables ciudadanos en el contexto de la sociedad actual, no deja de presentar crecientes riesgos y amenazas para la integridad, la buena formación del individuo y su entorno privativo de exclusiva intimidad.

El rápido crecimiento y desarrollo de las llamadas redes sociales en la Internet, como las muy populares facetbook, youtube, myspace, unyk y otras muchas, se han convertido casi  en ventanas abiertas por donde se reflejan una serie de situaciones previamente consideradas parte del más íntimo fuero de la individualidad. Si bien el riesgo es generalizado y universal en términos de que afecta a todos los estratos  de la sociedad, la mayor preocupación se registra cuando este moderno comportamiento se introduce  en los estratos de la niñez y la adolescencia, segmentos altamente vulnerables del componente social.

La comunicación en sentido general, sea  interactiva o unidireccional, y los mensajes de la publicidad en términos particulares, definen  este componente social como un “target ideal”, en razón de que su vulnerabilidad ofrece la mejor oportunidad para alcanzar sus objetivos, generalmente divorciados de los programados por los padres y/o tutores.

La diversidad de la oferta dirigida a este “público” es inigualable. El ofrecimiento recorre un amplio abanico que va desde productos audiovisuales, tales como series, juegos electrónicos, marcas de cereales, juguetes, ropa o música y muchos más, en los cuales se gastan cientos de millones de dólares al año para seducirlos.

Queda claro que el objetivo  de los emisores de este tipo de mensajes persigue transformar esa población en consumidores fieles a sus marcas y a la categoría de sistemas de entretenimiento creados con ese propósito. Esa tarea se facilita por cuanto una encuesta hecha  por el diario suizo Journal de Genève sobre este particular indica que los niños son asiduos telespectadores y constituyen una presa ideal para los anunciantes. Los de 7  a 12 años pasan en promedio dos horas y media al día frente a la televisión, en Francia y en Suiza; mientras en Alemania son menos ávidos, los de EU baten todos los récords con 4 a 5 horas diarias. En EU, según la asociación Consumer Unions, cada niño ve desfilar  30.000 anuncios de publicidad al año. Evidentemente son una presa fácil para la labor persuasiva que deben realizar los estrategas de las empresas productoras de bienes y servicios, en función de su objetivo de permanencia futura en el mercado.