TRÍPODE
RR. PP., la buena imagen en riesgo

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La forma en que una empresa, institución o persona en particular es visualizada o percibida por un determinado segmento de público o por la opinión pública en sentido general se constituye hoy en uno de los aspectos de mayor preocupación a tomar en cuenta por más y más grupos que ven en el manejo de sus respectivas imágenes un elemento vital para su desarrollo en la sociedad.

El desarrollo y la sofisticación de las herramientas tecnológicas aplicadas a los medios de comunicación y la enorme proliferación de estos como vía para que el público pueda expresar sus criterios y opiniones acerca de los más diversos y delicados temas, hacen que esta circunstancia adquiere ribetes de condición vital para su supervivencia en esta Era de la Comunicación Cibernética.

En ese contexto el manejo de las estrategias en cuanto al contenido y las formas, tanto del mensaje como del mensajero que los exponga, juega un papel determinante en los resultados finales que se obtengan. La improvisación y el manejo en forma ligera que se hace regularmente de las funciones de Relaciones Públicas han llevado a muchos al fracaso en la evaluación final que hace el público de cualquier esfuerzo de proyección de su imagen, sea esta de carácter institucional o de manera personal.

Una y otra vez ha quedado demostrado el error en que han incurrido muchas empresas y figuras públicas al concebir a las Relaciones Públicas como una actividad limitada casi en forma exclusiva a la posibilidad de acceder a los servicios de un distinguido periodista que le permita colocar una que otra nota de prensa en su medio escrito o electrónico. Concepto que aun mantiene vigencia, a pesar de todos los resultados contraproducentes y los fiascos que ha producido a sus promotores.

Las Relaciones Públicas, en muchas ocasiones, se visualizan como una herramienta solo para enfrentar situaciones de crisis, olvidando que su ejercicio sirve también para producir estrategias que conduzcan a un determinado posicionamiento en la mente del público y en el escenario de la opinión pública, así como para reforzar las percepciones positivas que se tengan acerca de la empresa, institución o persona de que se trate.

Una buena parte de los afectados con crisis de imagen pública se comporta de una manera totalmente contraproducente, principalmente las grandes empresas y corporaciones que generalmente sobrevalúan sus potencialidades ante los públicos con los cuales interactúan sobre la base de una relación cotidiana.