Triunfos filosofía de diplomacia de Barack Obama

Aunque su filosofía de la diplomacia arrancó en su segunda administración y se enfatizó primero en Afganistán, luego en Iraq, se estrena casi al echarse la paloma en Cuba y siguiente en Argentina, la tercera economía de América Latina, el sustrato queda como referencia con visos de irreversible para su sucesor en la Oficina Oval que arbitra en gran porción el destino de la humanidad.
En su ingreso a la otrora Perla de las Antillas, el presidente Raúl Castro no acudió a recibirle al aeropuerto internacional José Martí, un gesto descortés que traducía en la cosmovisión revolucionaria comunista que visita no significa capitulación, mientras el presidente Obama, en un gesto subliminal pletórico de mensajes, pisaba tierra cubana con el pie izquierdo, y asía su paraguas para protegerse de la lluvia del momento, no permitió que otro lo cubriera, otro gesto de humildad sin contrapartida.
El presidente Obama es posible que evocara el criterio del presidente Juan Bosch luego de entrevistarse con el presidente John Fitzgerald Kennedy en la Oficina Oval antes del primero juramentarse, expresando que su anfitrión “tenía la difícil humildad de los que se saben poderosos”.
La primera visita de un gobernante norteamericano a Cuba desde el triunfo de la revolución el 01-01-59 no significará que en un santiamén serán superadas las viejas rencillas y profundos traumas que han suscitado 58 años de distanciamiento absoluto y obsoleto, pero ciertamente se establecerán como el principio de cambios graduales inexorables que el contagio irá modificando en la sociedad cubana cuando las inversiones del otrora odiado tío Sam fluyan en el escenario del daiquirí, el son, la guaracha y el gracejo de la cubanía, y el resto, el tiempo, por ósmosis, avalará el retorno al viejo orden perdido.