Trujillo: del dictador al mito a 60 años de su muerte

Trujillo: del dictador al mito a 60 años de su muerte

Imagen del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, dictador dominicano.

En la actualidad parte de la sociedad dominicana aún cree en los «Logros» del dictador y sectores aúpan la necesidad de un gobernante como el tirano.

El dictador dominicano, Rafael Leónidas Trujillo Molina, también conocido como «el Jefe», «El Benefactor de patria», «El Chivo» y «Chapita», todos sobrenombres que hacían alusión a su «Grandeza» y a sus «logros», fue un hombre que por poco más de 60 años (1930-1961), mantuvo a la República Dominicana bajo un férreo control basado en la represión, el miedo y la imposición a la fuerza de su voluntad por sobre los demás.

Debido a su accionar y al culto a la personalidad, que él mismo auspiciaba en sus más cercanos colaboradores y la ciudadanía en general, se creó alrededor de Trujillo un aura de misticismo que lo presentaba como un «Semidiós» en la tierra, todo con el fin de enaltecer su figura con el objetivo de que nadie se atreviera a enfrentarse con él por sus abusos.

Rafael Leónidas Trujillo Molina, con indumentaria y honores militares. Foto: fuente externa.

De ahí sobrenombres como «Chapita» debido a todos los honores militares y condecoraciones que supuestamente se había ganado en su labor como miembro del Ejército Nacional y la Policía Nacional, llegando a convertirse en general, tras su ingreso a las filas luego de la ocupación estadounidense a la República Dominicana de 1916, además de, «El Chivo» por sus alardes de «Macho» y fuerza; y en su etapa de gobernante adquiriendo apodos como el «Jefe» por su control sobre todas las dependencias del Estado y el «Benefactor de la patria» por sus «aportes» al desarrollo socioeconómico del país.

Esta percepción que logró el Dictador en vida se mantiene hoy en día con mitos que gran parte de la ciudadanía cree ciegamente debido a la réplica popular de mentiras que no se sostienen frente a una investigación documental seria y que en la actualidad aún mantiene en la psique del dominicano.

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Quizá el mito más popular que existe sobre los aportes de Trujillo es el pago de la deuda externa de la República Dominicana, si bien es cierto, que la deuda con acreedores extranjeros fue saldada, también lo es que, el entonces presidente tomó un préstamo de más de 9 millones de dólares al Banco de Reservas con un interés de un 5% a ser pagados con el dinero generado por más impuestos a la ciudadanía, es decir, Trujillo no pagó la deuda del país, simplemente cambió de acreedor.

Rafael Leonidas Trujillo y monseñor Ricardo Pattini/Foto: Fuente externa.

Otro de los mitos que enaltecen hoy en día la figura de Trujillo fue que este logró el control de las aduanas nacionales en 1941 mediante el tratado Trujillo-Hull, sin embargo, aquellos que defienden el accionar del «Benefactor de la patria», omiten el hecho de que la República Dominicana fue el último país de América Latina en pagar su deuda a los Estados Unidos -incluso seis años después de Haití- sin embargo, lo que realmente sucedió fue que tras años de pedir a la nación acreedora que le permitiera recuperar el control de sus Aduanas a la República Dominicana la nación norteamericana aceptó luego de que se presentara un plan similar al ejecutado en Haití por el presidente Stenio Vincent.

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Este plan consistía en que en este caso República Dominicana compraba las sucursales de los bancos norteamericanos que poseían el control de las cuentas del Estado con la condición de que entre los ejecutivos permanecieran tres empresarios norteamericanos que tomaran de los ingresos la parte que correspondían al pago de la deuda externa y el remanente fuera entregado al Gobierno Dominicano lo que permitió que Trujillo creara el Banco Dominicano de Reservas, entidad a la que posteriormente le solicitó un préstamo que prometió pagar con la creación de impuestos una vez tuviera el control total de las finanzas nacionales.

Asimismo, se habla de que Trujillo hizo crecer la economía nacional y favoreció las condiciones para la creación del Banco Central, sin embargo, lo que realmente sucedió fue que tras la Segunda Guerra Mundial expertos estadounidenses apoyaron a los países de la región a crear estas dependencias del Estado para manejar su propia economía, no obstante el manejo de la familia Trujillo de las finanzas del Estado como un arca personal y la desviación de las riquezas del país hacia sus cuentas personales en bancos extranjeros llevó la comparación de la equivalencia del peso dominicano frente al dólar y al oro de un 100% cuando se creó el Banco Central a menos de un 6% para el momento de la muerte del Tirano.

Otro de los logros pregonados por los «Trujillistas» fue la definición de la frontera entre Haití y República Dominicana, sin embargo, esta afirmación no obedece a la verdad ya que, la definición de esta frontera fue negociada por el presidente Horacio Vásquez en 1929, quien logró obtener un mayor territorio para el pueblo dominicano, pero tras una renegociación de los términos de ese acuerdo entre las autoridades y Trujillo, debido a que Haití aseguró que durante la primera negociación militares estadounidenses se encontraban en su territorio, la renegociación de los nuevos límites territoriales contemplo la concesión de una gran parte del territorio dominicano a Haití con la condición de que estos recibiera en la parte más lejana de su mitad de la isla a los contrarios al régimen exiliados.

En adición, mucho se ha dicho que Trujillo «Sacó» a los haitianos de la República Dominicana, lo que sí hizo fue emplearlos como cortadores en los ingenios de caña de azúcar, todos de su propiedad y construirles casuchas en las que los obligaba a mantenerse sin migrar hacia otras zonas del país.

En el ámbito social se dice que la delincuencia en la «Era de Trujillo» era nula, pero es un hecho antropológico comprobado que en todas las sociedades existen niveles de criminalidad en mayor o menor medida, estos dependerán de un sinnúmero de factores entre los que se cuentan la efectividad de las acciones de las autoridades para garantizar la seguridad social, los valores vigentes de la sociedad misma, y el propio sistema de gobierno actual de ese país. Lo cierto es que durante la «Era de Trujillo» la sociedad era más recatada que la de tiempos más modernos y vivía con el miedo permanente de ser acusada de estar en contra del régimen y cualquier actividad podía ser vista como sospechosa, y si hay alguién que todavía que el Dictador hizo un buen trabajo al menos en este aspecto es conveniente preguntarle ¿A qué precio?

Al acercarse la conmemoración de la fecha de su ajusticiamiento habrá quienes quieran sostener la veracidad de los «Logros» del Dictador y hasta quieran recordar con cariño una época en la que no vivieron víctimas de una falsa nostalgia que les impulsa a recurrir a un «Sesgo de confirmación» que les impida ver la realidad total del país en esos 30 años de la dictadura de Trujillo, pero bastará con invitarlos a leer los reportes de la historia.

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