Trujillo según Euclides Gutiérrez

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El autor de “Trujillo, monarca sin corona”   obtuvo testimonios directos de conversaciones del dictador y fue testigo de encuentros decisivos.  
JESÚS DE LA ROSA

El libro ¨Trujillo Monarca Sin Corona ¨  del destacado abogado, político e historiador Euclides Gutiérrez Félix es un testimonio escalofriante de la trayectoria política de Rafael Leonidas Trujillo Molina. Su relato, rico en revelaciones sobre los entretelones de la tiranía trujillista, permite desentrañar la compleja personalidad del sátrapa. A través de la obra  se comprueba hasta qué punto fue capaz un déspota como Trujillo de humillar, seducir y desorientar a sus conciudadanos.

¨ Trujillo Monarca Sin Corona ¨  es un extraordinario ejercicio de gran profundidad narrativa y  un gran aporte para entender los entresijos de una personalidad tan compleja como la de quien, durante treintiún años  gobernó la República Dominicana como si fuera una finca de su propiedad.

Escrita con rigor metodológico, la obra de Euclides Gutiérrez  resulta valiosísima como contribución a resolver el enigma del funcionamiento del régimen y de la personalidad de Trujillo.

Los años, que no fueron muchos,  que Euclides Gutiérrez pasó  al lado de Trujillo le permitieron asistir a entrevistas en el Palacio Nacional y en el feudo de Trujillo en San Cristóbal. El conocido jurista posee testimonios directos de conversaciones oficiales del dictador con políticos y embajadores de todo el mundo. Fue testigo de muchos encuentros decisivos, lo que le permitió, a través de su libro, ofrecernos una visión desenfadada y hasta ahora insólita de Rafael Leonidas y sus circunstancias.

Euclides Gutiérrez nos presenta un Trujillo víctima en su infancia de los sórdidos conflictos entre una madre dedicada por entero al cuidado de sus hijos y a las tareas del hogar y un padre aficionado al juego, al ron y a las mujeres.  Nos lo muestra como un joven oficial de policía que se elevó sobre sus camaradas y que venció todos los obstáculos hasta alcanzar el poder y la gloria. Y por último como un anciano déspota al que ajusticiaron en terribles circunstancias.

¿Dónde nació y cómo fue educado Trujillo?

Rafael Leonidas Trujillo nació en San Cristóbal, el 24 de octubre de 1891, hijo de José Trujillo Valdez y de Altagracia Julia Molina Chevalier. El padre del futuro dictador nació en Baní en 1864, hijo de José Trujillo Monagas, español venido de Cuba donde había sido comisario de policía, y de Silveria Valdez, enérgica mujer dueña de una casa de huéspedes. Desde muy joven, don Pepe, como generalmente se le conocía, se dedicó a  su conducta licenciosa en grado extremo. Aunque taimado y libidinoso, no podía calificársele de delincuente. Muy querido entre sus vecinos,  don Pepe era amable y de temperamento alegre. Doña Altagracia Julia Molina Chevalier, la madre de Trujillo, era una dama respetable, dedicada a los quehaceres del hogar y al cuidado de sus diez hijos nacidos de su matrimonio con don Pepe. Era una mujer generosa y de buen corazón, sencilla y honorable.     

Mucho se ha escrito y dicho sobre el supuesto origen humilde de Rafael Leonidas Trujillo, y son muchas las personas que afirman que la familia Trujillo no era más que una progenie surgida del arrabal. Semejante juicio no se corresponde con la verdad. La familia Trujillo era una familia de clase media. Así lo demuestra en su libro Euclides Gutiérrez haciendo uso de documentos que no dejan dudas al respecto. En la obra  ¨Trujillo Monarca Sin Corona¨  aparecen decenas de fotografías de Trujillo y de sus familiares más allegados, entre ellas, una del futuro dictador a los 13 años de edad ataviado con un traje de fino paño inglés luciendo sobre su cabeza un sombrero de Panamá.  También,  una reseña publicada en el periódico Listín Diario en la edición correspondiente al 3 de septiembre de 1897, dando cuenta de la enfermedad del niño de cinco años Rafael Leonidas Trujillo y de los esfuerzos de los doctores Ramón Báez y Brioso para salvarle la vida al infante.

Trujillo era tímido e introvertido. Muy dado al consumo de bebidas alcohólicas, desde muy joven mostró una afición desmedida por las mujeres. En la Academia Militar de Haina de los interventores no sobresalió casi en nada (ocupó el lugar decimonoveno de su promoción).  

En la persecución de los llamados gavilleros, el teniente Trujillo mostró siempre una crueldad no provocada por la excitación del combate, sino una crueldad fría y razonada con el fin de producir pavor. 

Haciendo uso de un informe de diciembre de 1937 del Obispo de Cabo Haitiano, monseñor J.M. Jean, y de declaraciones recogidas de haitianos establecidos en las Villas de Dajabón y Juana Méndez, Euclides Gutiérrez estima en unos 3 mil los ciudadanos haitianos  víctimas de las  persecuciones de residentes ilegales en territorio dominicano ordenada por Trujillo en diciembre de 1937. Esa cifra nos parece muy cercana al número exacto de muertos en esas jornadas sangrientas. Era que el dictador no disponía de recursos tecnológicos para ordenar la muerte de más haitianos de las que ordenó.  De ser cierto que Trujillo ordenara en 1937 la muerte de más de 20 haitianos, como afirman unos que otros historiadores de aquí y de allá, ¿dónde habrían sido sepultados? ¿Por qué no han aparecido fosas conteniendo las osamentas de los haitianos asesinados en esa época  como han aparecido y siguen apareciendo fosas de los combatientes de la expedición del 14 de junio de 1959? 

Al igual que su mentor Juan Bosch, Euclides Gutiérrez yerra cuando se refiere a la supuesta vigencia de la escuela hostosiana en tiempos de Trujillo. La escuela normal del insigne maestro puertorriqueño había desaparecido del país años antes de que Trujillo alcanzara el poder en mayo de 1930.

Es inegable el progreso material alcanzado por la República Dominicana en la llamada era de Trujillo. Pero, ¿cabe establecerse una relación de necesidad entre ese progreso con la permanencia en el poder durante más de treinta años de un tirano terrorista, sanguinario y cruel como Trujillo? ¿ Fue Trujillo el necesario hombre fuerte? 

La dictadura de Trujillo no se explica en toda su extensión sin un personaje singular a la que en su obra Euclides Gutiérrez no le presta la atención que merece: María de los Ángeles Martínez Alba, la tercera y última esposa del dictador.

Mujer excepcional, de estatura muy baja, regordeta, de mirada dura y fría. Su personalidad y su excepcional carácter los empleó en sublimar las frustraciones de Trujillo  y en alentar sus ambiciones desmedidas de poder.