Trump, Hipólito e instituciones

Donald Trump, el atípico precandidato a la presidencia de los Estados Unidos, me recuerda el caso del agrónomo Hipólito Mejía en nuestro país, porque el multimillonario empresario comparte con el político dominicano algunas características que lo hacen simpático, ameno y cómico, en especial su logorrea “metrallística” o “repentismo verbal” diciendo lo primero que le llegue a la cabeza sin valoración de consecuencias porque entiende que sus miles de millones lo hacen invulnerable.

Hipólito Mejía consiguió la presidencia de la República porque, cansados de ser engañados por los políticos tradicionales, muchos dominicanos, la mayoría de los marginados de siempre, pusieron sus esperanzas en su “atipismo” y votaron por un hombre que lucía diferente y parecía no tener “pelos en la lengua” expresándose como uno más de ellos. Pero resultó un verdadero fiasco y, sobre todo, defraudó a todos los que le creyeron “un hombre de palabra” pues terminó uno de los peores períodos de gobierno que ha tenido la República Dominicana y, aún así, intentó reelegirse.

Donald Trump no será presidente de los Estados Unidos porque la diferencia social, económica y cultural con nuestro país es abismal, pero si ocurriera un fenómeno social inesperado y, al igual que aquí, los votantes norteamericanos, cansados de los políticos tradicionales que no resuelven nada, eligen a Trump, es probable que se repita lo ocurrido con Richard Nixon, que fue obligado a renunciar, o una crisis parecida a la de Bill Clinton, que tuvo que “pedir cacao” para que no lo destituyeran, porque las instituciones estadounidenses hace muchos años que son más fuertes que los individuos, no importa que sean multimillonarios o presidentes de la república.