Turismo cultural y zona colonial

JOSÉ ALFREDO RIZEK BILLINI
La ciudad de Santo Domingo de Guzmán, Primada de Las Américas, debe ser hoy en día el centro neurálgico sobre la temática del turismo cultural, los cruces de culturas y mundos que se han producido en su espacio. Debemos hacer un replanteamiento como lo vienen realizando otras ciudades caribeñas, como Cartagena, La Habana y San Juan, en que no sólo brindemos los encantos de “playa, sol y montañas”, o como en los casos en que un recorrido apresurado y no documentado de nuestros monumentos históricos, que si bien constituyen un invaluable patrimonio, sus usos deben estar acompañados de recorridos más profundo, con mayor sentido humanista, con veracidad de espacio histórico y cultural.

Los espacios y atractivos turísticos de Santo Domingo son de gran multiplicidad y a pesar de lo restringido del espacio del Casco Colonial, pretende encontrar en el relato de su historia heroica, un afianzamiento de su patrimonio monumental y ser la sostenedora de diversas propuestas de desarrollo turístico.

Para algunos empresarios y analistas del sector turístico, los cuales sin desconocer la importancias del Patrimonio Monumental, que caracteriza y enaltece esta ciudad como polo turístico, ni tampoco aceptar las bondades del relato histórico convencional de guías que pretenden darle asistencia a un turista habido de conocer, aunque en un brevísimo tiempo, la realidad local que visita. Esa realidad se expresa en “historia y cultura”.

En el caso de nuestra ciudad se hace necesario replantear o reconstruir el relato histórico que nuestros guías ofrecen a los turistas con la debida supervisión de los miembros de la Academia de Historia y la oficina de Patrimonio Monumental, en que se minimice el ingrediente fabuloso que lo caracteriza, para ofertar uno que se ajuste más a la realidad histórica, con una valoración más caribeña, engalanada con sus características históricas y la debida incorporación cultural.

Sin este elemento proyectado a toda la estructura socio-histórica de la ciudad en que el relato histórico no sea parcializado, incompleto o tergiversado. Lo que proponemos es una versión nueva de la ciudad, los nuevos caracteres culturales y las tesis de nuestra historia social sean incorporadas al relato histórico que se oferta actualmente.

Rehuyendo los turistas a los tours condicionados que finalmente terminan en un gift shop, muchos se lanzan independientemente a conocer espacios que expresan una realidad más adecuada a los que vienen a buscar, mayor contacto con los habitantes de la ciudad, palpando los problemas de una ciudad caribeña. El erróneo concepto de los tours operadores de mostrar una sola cara de la ciudad, ordenada a sus intereses, con sentido cordial pero aséptica, pintoresca, pero fragmentada, no es la más adecuada para una ciudad caribeña, donde se fusionan etnias, culturas diferentes, con sus precariedades sociales, con diferentes formas de habitar la ciudad, pero con la necesidad de implementar una política moderna.

Los conocedores en este caso, los tratadistas en los temas de la arquitectura y el urbanismo latinoamericano han ido evolucionando del clásico concepto “del centro histórico reconstruido en determinado estilo histórico (etapa colonial) a la aceptación del espacio urbano con la multiplicidad de estilos coloniales, republicanos, arte deco y otros.

Concepto este que refuerza una identidad más caribeña, desde el turismo que tiene que ver con el casco colonial. Santo Domingo de Guzmán posee el más antiguo centro histórico, que se inicia el siglo XVI, que no es solo un legado cultural, ni el de una historia monocultural, sino de un fragoso proceso histórico, en el que han convivido diferentes contribuciones arquitectónicas, formas de uso y apropiación espacial, etnias y culturas diversas. Las casas, iglesias, conventos, plazas, calles, poseen una esplendorosa memoria, aún no descubierta, ni debidamente promovida integralmente, por la juiciosa oferta del relato histórico turístico.

Ninguno de los lugares que tan brillantemente relatan en sus escritos César Nicolás Penson, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Rafael Damirón, Arturo Logroño y otros; son descubiertos y destacados como ha de esperarse en una ciudad que expresa su historia multicultural a los visitantes.

Las transformaciones físicas actuales sufridas en esos lugares en 500 años, no disminuyen el origen de su valía y las posibilidades del interés contemporáneo. Por el contrario son una expresión de su dinamismo histórico y las singulares maneras del proceso urbano local.

Tenemos que reconocer que los turistas no viajan para conocer otros turistas o para degustar una oferta turística internacional y uniforme. Viajan para conocer culturas, seres humanos y medios sociales diferentes al suyo. Por eso los hábitos cotidianos, los oficios y objetos tradicionales, las hablas y los valores, los atuendos y las comidas, de naturaleza y matices caribeños, o sea con su identidad local; constituyen el gran atractivo aún por explorar en todas sus dimensiones.

Las oportunidades para un desarrollo de Turismo Cultural son grandes, pero se requiere un apoyo total de la Secretaría de Estado de Turismo y no la presencia de ideas discordantes que alejen resultados positivos.

Proponemos una estrategia para reforzar su identidad caribeña, retomando la verdadera vocación de una ciudad sustentada en la investigación histórica y cultural moderna, considerando la evolución de su composición étnica, caracteres multiculturales, analizando características y perspectivas de su actual situación como centro urbano, enmarcado en la región caribeña de la Isla Hispaniola.