U. S. A.: dividido en tres mitades

HAMLET HERMANN
Sólo ocho días restan para que se celebren las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América. Las encuestas han venido reflejando que los ciudadanos en disposición para votar el 2 de noviembre están divididos en tres mitades: una mitad para George W. Bush y otra mitad para John Kerry. Asimismo, aunque parezca paradójico, el 50% de los votantes elegibles en ese país prefiere abstenerse. De ahí que la división en materia electoral sea de tres mitades.

Como espectador solo atino a preguntarme: ¿Quién entiende al pueblo norteamericano en materia electoral? Pregunto esto porque en los cuatro años recientes Bush les ha aumentado los impuestos a los sectores de menores ingresos y se los ha reducido a los más ricos. Encima de eso, el actual Presidente ha privatizado la asistencia médica al tiempo que ha despojado a la Seguridad Social de su categoría federal. El desempleo y el déficit fiscal han aumentado hasta límites nunca vistos. Como si aquello fuera poco, W. Bush niega rotundamente el libre albedrío en cuestiones relacionadas con el aborto, así como ha derogado varias leyes protectoras del medio ambiente. Además, ha impedido que se controle la posesión indiscriminada de las armas de fuego y se ha opuesto a que la gente tenga la preferencia sexual que desee. Dejo para último la invasión a Irak la cual, además de haber sido iniciada y sostenida en base a la mentira, ha producido decenas de millares de bajas, norteamericanas e iraquíes. Más autoritario y menos democrático que este programa de gobierno ejecutado en el cuatrienio reciente no puede haber. Pero, aún así, la mitad de los votantes inscritos prefiere a George W. Bush como Presidente.

Que nadie se asombre de mi sorpresa con este asunto porque lo lógico sería que, como ocurrió aquí en República Dominicana hace poco, las encuestas se comportaran de otra manera. Me refiero a que Hipólito Mejía, quien por sus limitaciones intelectuales parece gemelo de George W. Bush, también cometió barbaridades que perjudicarán al pueblo dominicano por varias décadas. Pero cuando se consultaba a la gente de a pie, claramente se veía que Leonel Fernández le daría una pela de calzón quita”o. Tal como sucedió.

Pero parece que en Estados Unidos la cosa es muy, pero muy diferente. Estoy en creer que gran parte del pueblo de Estados Unidos añoraba que su país mantuviera una dominación imperial en el mundo. Ese tipo de gente votaría por Bush porque bombardea y aniquila poblaciones cuando quiere y como quiere. Lo prefieren porque aman la prepotencia del unilateralismo y se ufanan del orgullo imperial que no hace caso a las decisiones de la Organización de Naciones Unidas. Esos votantes potenciales anhelan el aislacionismo del imperio como fortaleza del poder omnímodo a nivel mundial. Y quieren que Bush logre y mantenga eso.

Ahora bien, el secreto del resultado de estas elecciones en Estados Unidos está en el gigante dormido de los abstencionistas. En la nación supuestamente más democrática el porcentaje de abstención electoral es uno de los más grandes del mundo. No obstante, gran parte del país del Norte se da cuenta de que lo que está en juego es mucho más que la algarabía de unas elecciones presidenciales. En este año lo que se arriesga es que Bush haga fraudes electorales en algunos de los doce Estados no definidos todavía y se alce con la victoria tal como lo hizo en el año 2000. Una victoria de esta naturaleza podría llevarlo a pensar que se le ha entregado un cheque en blanco para continuar agrediendo al mundo y saqueando sus recursos naturales. El espectro de cuatro años más de la voracidad, la agresividad y la corrupción del grupo de la Casa Blanca en Washington se presenta como una pesadilla. De ahí que la lucha electoral necesita de un enorme esfuerzo entre las fuerzas más democráticas. De ahí los grandes esfuerzos que se están haciendo para que no se repita el fraude electoral del Estado de Florida, ni allí ni en ningún otro lugar de Estados Unidos.

Y es que nadie debía sorprenderse si la ineptitud de George W. Bush lo lleva a sus andadas ilegales e intenta robarse las elecciones en varios Estados. El peligro permanece porque mientras a los dominicanos nos envían cuanto observador electoral les parezca para impedir el juego sucio, el gobierno de Estados Unidos no acepta que les transmitamos nuestra experiencia de cómo se pudo impedir el fracasado fraude que tenía planeado el PPH.