Ubi Rivas – Demetrio de la reelección

La reelección como método político de continuar en el poder desde el poder, conforme a mi exposición en HOY el 13-05-03, ha devenido en gravísimas consecuencias para el pueblo dominicano y sus por siempre relegados derechos preteridos.

Esa actitud del suscrito no ha variado un ápice, y como en los de mi generación, aprisionados en las férreas garras de la tiranía del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo que protagonizó un maratón reeleccionista por 31 años y siete meses hasta que cayó fulminado en un charco de sangre, constituyó y lo sigue aún, un firme rechazo a ese propósito altamente cuestionable.

Es el contenido de mi carta pública al entonces presidente Antonio Guzmán, a quien por el vínculo sagrado del compadrazgo, en fecha 23-10-80, insertada en el desaparecido matutino El Sol, recomendaba desistir de lo que era como un río que se intuía “bajaba botado”, conectado con el propósito reeleccionista.

También es lo propio con el presidente Hipólito Mejía, con quien me vincularon nexos hondamente afectivos desde que en 1971 conversábamos casi a diario muy de mañana, en la residencia de mi inolvidable y desaparecido Manuel de Jesús Viñas Cáceres, Meme, y luego, cuando el más conspícuo hijo de Gurabo, por encima de Andrés Rodríguez Méndez, el general Simón Díaz y otras figuras de relieve, decidió, luego de 4 veces negarlo, adoptar la reelección como desideratum terrible a su breve carrera política.

La reelección ha sido traumática desde su primer asomo el 26-07-1882 en que el general Ulises Heureaux, el terrible Lilís, se inicia el trágico Ciclo de Lilís, y que el 27-11-88, pretendió, y obtuvo, la primera reelección que consigna nuestra historia patria.

En la farsa electorera de ese aciago día, Lilís obtuvo el favor de 558 de 600 Colegios Electorales, dos por Gregorio Rivas, el hombre que construyó el ferrocarril Sánchez-La Vega y uno para el general Gregorio Luperón, mentor y protector de Lilís como lo fuera don Pedro Duboq para Luperón, y también un voto por Miguel Pichardo, Manuel María Gautier, Pedro Francisco Bonó y Manuel de Jesús de Peña y Reynoso. ¡Cuánta prosapia civilista burlada!

Lilís no se contentó con dos períodos, sino que volvió a “picar” en los comicios del 27-02-89, en el cual pretendió arrendar la bahía de Samaná a Estados Unidos y contrajo el oneroso empréstito con la Santo Domingo Improvement Company que luego declinó en Westendorp, contraído en forma repudiable por el Gran Ciudadano Buenaventura Báez en 01-05-1869 con Harmont.

En 1942, el generalísimo Trujillo reeditó la fórmula cuestionable de la reelección, y repitió en 1947, aprovechando, un mago en esa lides, la II Guerra Mundial en que Estados Unidos requerían de aliados firmes y confiables en América, y nada mejor, para la óptica del segundo Roosevelt, FDR, que los hombres fuertes de “muñeca dura”. El gendarme de la inseguridad nacional ansió en 1930.

A grandes rasgos, esos han sido los intentos concretos de la reelección en nuestro país, en todas ellas, menos las accionadas por El Jefe, con gravísimas distorsiones en el manejo económico de la República, idéntico a como acontece hoy, con un PIB que no crecerá este año más de un 3%, una deuda al sector bancario criollo de RD$42,261 millones y externa por más de US$5 mil millones, con una inflación en enero de 10.2%, en febrero de 11.25%, y en marzo no se vislumbra disminución alguna y lo propio en el transcurso de 2004.

El doctor Joaquín Balaguer fue otro campeón de la reelección y aparte de las infraestructuras que legó al país, nunca como en su época la corrupción y los contravalores morales descendieron tanto, porque la reelección es sinónimo de corrupción, porque el poder corrompe y el poder absoluto corromper absolutamente.