Un “ahorro” inflacionario

El suministro de electricidad ha desmejorado. Las interrupciones en este servicio se están produciendo fuera de programa. No se ha notificado avería alguna ni programa de mantenimiento de plantas. Esto viene a ocurrir en momentos en que el país necesita ahorrar combustibles, debido a su costo cada vez más alto. Están equivocados los que creen que apagando grandes plantas el país ahorra.

Cuando una de las generadoras del sistema sale de servicio, obliga a encender cientos o miles de plantas de emergencia que movilizan el aparato productivo y el comercio. Por una adversa relación de costo/eficiencia, las pequeñas unidades de emergencia en conjunto consumirán más combustible que la gran planta  sacada de servicio.

Se ha explicado que los apagones obedecen a escasez de combustibles que, por cierto, son adquiridos bajo un régimen fiscal privilegiado. Habría que ver por qué algunas generadoras enfrentan esta situación y si en ello tienen que ver las distribuidoras. Cualquiera que sea la causa, hay que buscarle solución. Los costos del país por factura petrolera están en ruta ascendente y el Gobierno trata por todos los medios mantener un índice de inflación manejable. Cuando miles de plantas chicas se encienden aumenta la demanda de combustibles y aumentan los costos de la industria,  el comercio y los hogares. Se trata de un “ahorro” inflacionario.

Solidaridad ante la crisis
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha propuesto una asociación global para hacerle frente a las consecuencias de los altos precios del petróleo y los alimentos. La República Dominicana propuso en la misma asamblea la formación de  un bloque internacional de países con ingresos per cápita de US$6,000 hacia abajo. Ambas propuestas deberían fusionarse para lograr una alianza estratégica que abarque todos los elementos de crisis.

La producción de alimentos, más que cualquier otro factor, debe ser objeto de una especial atención. La crisis petrolera no solo ha encarecido los alimentos, sino que además, al quitarlos del plato de la gente para transferirlos a la industria de los biocarburantes, se constituye en un catalizador de crisis sociales de alcances inimaginables. De hecho, ha habido conatos de estas manifestaciones en Haití y otros países de altos niveles de pobreza. Hay que fomentar una fuerte solidaridad ante la crisis.