Un amigo

ÁNGELA PEÑA
La mayoría de la gente se confunde y llama amigos a los que son sencillamente conocidos, pregonando que los tiene por montones. Un amigo es alguien tan especial que pocos tienen la suerte de contar con tan singular tesoro. Para el que sabe apreciar el profundo significado de esta relación, representa un privilegio el que otros u otras lo consideren su amigo porque, en estos tiempos en los que tantos buscan al prójimo por un interés particular, la verdadera amistad es uno de los valores en desuso.

Ser amigo no es caerse bien ni hacer química. No es un simple “panafull” o aprovechado advenedizo. No es darse besos y abrazos y recordar mejores tiempos sólo en encuentros fortuitos. A la amistad hay que darle seguimiento, imponerle estabilidad, alimentarla como si fuera obligación llenar los vacíos y soledades del otro. Es apreciarse, conversar, querer verse, encontrarse, dar, entregarse sin esperar nada a cambio.

Con inusitada frecuencia miles de contactos cibernéticos se mantienen enviando correos electrónicos profesando este sentimiento. Algunos sorprenden al que los recibe porque los envían personas con las que apenas se ha intercambiado una charla fugaz y pasajera. Los mensajes, sin embargo, son profundos, halagan y emocionan a tal punto que uno se siente animado a responder, contagiado por las intensas consideraciones que encierran.

Al verdadero amigo, empero, hay que conocerlo, distinguirlo, saber su pasado, estar enterado de sus proyectos e inquietudes, de la orientación que da a su vida, de sus gustos y preferencias, sus virtudes y defectos. Pero no para desflecarlo y acabar con él al dar la espalda sino para comprenderlo y aceptarlo por encima de su forma de ser. Es complacerlo, añoñarlo y añorarlo, saber constantemente qué es de él, ser compañero en buenas y malas, compartir tiempo, prodigarle energías y si es necesario, y se puede, bienes. Es ayudarse con desprendimiento, quererlo por lo que es sin reparar en lo que pueda tener. Servirse mutuamente.

Ser amigo de verdad es algo tan grandioso que sólo a seres humanos excepcionales les cabe el título, porque no todos poseen esta virtud de poder ser amigo. Porque ser amigo no es sencillo ni cómodo. No es fácil, como dicen. Un amigo es un ángel que en ocasiones suele resultar más que un hermano o ser el hermano que no se tiene. Es alguien en quien se confía ciegamente con la seguridad de que una indiscreción no va a traicionar la confianza.

El amigo de verdad es bondadoso, tierno, paciente, comprensivo, generoso de dar sus ideas y conocimientos, elevado cuando perdona, aceptando las razones de alguna actitud que lo ha herido. Es noble, desprendido, incondicional, franco y razonable, sin llegar a la ofensa, auténtico, afectuoso, fiel. Es alguien que inspira la certeza de que se puede contar con él.

Paulo Coelho definió el Ser Amigo con palabras conmovedoras en un texto que hizo llegar la inquieta periodista Alanna Lockward y que concluyen con estas expresiones contundentes: “Si ellos (los amigos) han estado dándote su amor y compañía has contraído una deuda: no abandonarlos nunca. Porque hacer un amigo es una gracia. Tener un amigo es un don. Conservar un amigo es una virtud. Ser un amigo es un Honor”.